Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía del IV del TO-C

Ama, y haz lo que quieras

04 TO-C

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VER:

En el año 2006, la “Escuela de escritores”, integrada por escritores hispanohablantes del mundo entero, invitó a los internautas a buscar la palabra más bonita del idioma español, y la palabra “amor” fue el término elegido. Más o menos todos tenemos una idea de qué es el amor, pero es una de esas realidades que damos por supuestas, y no caemos en la cuenta de todo su sentido y profundidad. Y sin embargo, el amor forma parte esencial de nuestra vida, y son muchas las cosas que hacemos o dejamos de hacer simplemente por amor.

JUZGAR:

En primer lugar, el amor es la base y la razón de nuestra existencia. Como escribió San Juan: Dios es amor (1Jn 4, 8), comunidad de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y por amor Dios creó el universo, por amor Dios creó a su imagen al hombre y a la mujer; por amor no dejó al ser humano abandonado a su suerte por el pecado, sino que convirtió la Historia humana en Historia de Salvación; por amor eligió a su pueblo, no por ser más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño (cfr. Dt. 7, 7); por amor permaneció fiel a su pueblo, a pesar de las múltiples infidelidades de éste; por amor el Hijo de Dios se hizo hombre y anunció el Evangelio, como hemos escuchado: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír; de palabra y obra, Jesús fue el rostro visible del amor de Dios, sobre todo hacia los humildes, los pecadores, los excluidos, los que no cuentan; por amor Jesús padeció, murió y resucitó para nuestra salvación; y como nos recuerda san Pablo, el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rm 5, 5).

El amor es la base y la razón de nuestra existencia, pero no cualquier “amor”, sino el amor de Dios, el Amor que es Dios y que se nos ha manifestado en Jesús. Y san Juan indica: si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. (1Jn 4, 11).

Ser conscientes de la presencia del amor de Dios en nosotros supone una llamada a hacer también del amor la base y la razón de nuestras acciones y decisiones. Así nos lo ha recordado san Pablo en la 2ª lectura, una Palabra de Dios que, de tanto escucharla sobre todo en las bodas, quizá no nos damos cuenta de lo que realmente nos está pidiendo.

Hacer del amor la base y la razón de nuestra vida no significa sólo “hacer cosas buenas”, porque ya podría yo hablar las lenguas… tener el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber… repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo… Todo eso, si no tengo amor, de nada me sirve.

Será verdad que el amor es la base y la razón de nuestras acciones y decisiones si en nuestros actos y en nuestra relación con los demás somos comprensivos, serviciales, no tenemos envida, no somos presumidos ni engreídos, ni maleducados ni egoístas; si no nos irritamos, si no llevamos cuentas del mal, si no nos alegramos de la injusticia sino que gozamos con la verdad. Si estamos dispuestos a disculpar sin límites, a creer sin límites, a esperar sin límites, a aguantar sin límites.

Estas cualidades son propias del verdadero amor porque reflejan el ser y actuar de Dios y su amor hacia nosotros. Por eso las debemos hacer presentes en los hechos y personas que conforman nuestra vida, aun a costa de no ser “profetas en nuestra tierra” como le ocurrió a Jesús, para que el “amor” no sea sólo una palabra bonita, sino una realidad que los otros pueden notar.

ACTUAR:

Para caer en la cuenta de cómo estamos viviendo el amor y desde el amor, pensemos en situaciones y personas concretas de nuestra vida cotidiana: ¿Qué estoy haciendo? ¿Cómo lo estoy haciendo? ¿Están presentes en mis actos y sentimientos esas cualidades del verdadero amor?

El amor es más que una palabra bonita. Nuestra vida, nuestras acciones y decisiones, pueden tener el verdadero amor como base y razón porque como recordó el Papa Benedicto XVI: “Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos” (La alegría de la fe). Desde esa conciencia del amor de Dios en nuestra vida, tengamos presentes estas palabras de San Agustín: “Ama, y haz lo que quieras: si callas, calla por amor; si gritas, grita por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor; ten dentro la raíz del amor, de la cual no puede brotar sino el bien” (Comentario a la 1ª Carta de San Juan 7, 4-8).

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