Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XIV del TO-C

Somos pocos

14 TO-C

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Todos hemos tenido esta experiencia: la diferencia a la hora de preparar algo, si se hace solo o se hace entre varias personas. Es la diferencia entre emplear más o menos tiempo, y también en sentir más o menos cansancio y agobio. Y otra experiencia es que, cuando la tarea es compartida, el tiempo mismo de la preparación ya resulta gratificante, a pesar del trabajo que conlleva, por el simple hecho de estar preparándolo juntos, compartiendo tareas y responsabilidades.

ACTUAR:

En la homilía del día de la Santísima Trinidad decíamos que uno de los defectos que tenemos, como Iglesia es la excesiva importancia que damos a los números. Sin contradecir la reflexión de aquel día, lo cierto es que la misión evangelizadora requiere que haya un número de discípulos misioneros que la lleven a cabo. Así lo hemos escuchado en el Evangelio: designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él.

Es muy común entre quienes formamos la Iglesia hacer comentarios del tipo: “Cada vez somos menos y más mayores”; “Siempre somos los mismos en todas partes y para todo”… Se tiene la impresión de que no hay a quien “pasarle el testigo” para que continúe con la misión.

Por eso en el Evangelio hemos escuchado, una vez más, las palabras del Señor: La mies es abundante y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies, que envíe obreros a su mies. Y lo cierto es que los “obreros” de la mies del Señor somos pocos, y no tenemos que engañarnos ni pretender ocultarlo.

Pero precisamente porque somos pocos, nos deberíamos tomar más en serio la pastoral vocacional, a menudo muy desconocida. Una pastoral que no va dirigida sólo a unos “elegidos”, ni una vocación concreta a la vida sacerdotal o consagrada. Todos estamos llamados a vivir nuestra vocación para trabajar en la mies del Señor, una mies que es nuestra propia vida cotidiana.

Así lo expresa el Papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial Vocaciones de 2019: “Me refiero sobre todo a la llamada a la vida cristiana, que todos recibimos con el bautismo y que nos recuerda que nuestra vida no es fruto del azar, sino el don de ser hijos amados por el Señor, reunidos en la gran familia de la Iglesia. Son las situaciones ordinarias de la vida, en las que cada uno de nosotros se esfuerza en actividades que confía en que sean fructíferas. La vida cristiana se expresa en esas elecciones que, al mismo tiempo que dan una dirección precisa a nuestra navegación, contribuyen al crecimiento del reino de Dios en la sociedad. Me refiero a la decisión de casarse en Cristo y formar una familia, así como a otras vocaciones vinculadas al mundo del trabajo y de las profesiones, al compromiso en el campo de la caridad y de la solidaridad, a las responsabilidades sociales y políticas, etc. Son vocaciones que nos hacen portadores de una promesa de bien, de amor y de justicia no solo para nosotros, sino también para los ambientes sociales y culturales en los que vivimos, y que necesitan cristianos valientes y testigos auténticos del reino de Dios.

En el encuentro con el Señor, alguno puede sentir la fascinación de la llamada a la vida consagrada o al sacerdocio ordenado. Es un descubrimiento que entusiasma y al mismo tiempo asusta. Y, sin embargo, no hay mayor gozo que arriesgar la vida por el Señor”. Quizá, si somos pocos, es porque no todos responden a su vocación.

ACTUAR:

¿Cuál es mi vocación? ¿Vivo la fe formando parte de una comunidad parroquial, o voy por libre? ¿Soy de los que se limita a lamentarse porque “somos pocos” pero no me implico en nada? ¿Rezo por las vocaciones a la vida cristiana, ya sean sacerdotales, de especial consagración, o laicales?

La misión evangelizadora sólo la podremos llevar adelante como Iglesia, aunque numéricamente seamos pocos, de dos en dos. Y nadie debe inhibirse, porque “la llamada del Señor no es una intromisión de Dios en nuestra libertad; no es una “jaula” o un peso que se nos carga encima. Por el contrario, es la iniciativa amorosa con la que Dios viene a nuestro encuentro y nos invita a entrar en un gran proyecto, del que quiere que participemos.

El Señor quiere que descubramos que cada uno de nosotros está llamado –de diferentes maneras– a algo grande. En definitiva, la vocación es una invitación a seguir a Jesús por el camino que ha pensado para nosotros, para nuestra felicidad y para el bien de los que nos rodean”.

Y por último, recordemos que la vocación no es algo “para jóvenes”, porque como dice el Papa, “si los jóvenes están llamados a abrir nuevas puertas, los ancianos tienen las llaves. No hay futuro sin este encuentro entre ancianos y jóvenes; no hay crecimiento sin raíces y no hay florecimiento sin brotes nuevos” (Homilía Vida Consagrada 2 febrero 18). Por eso, como Iglesia, como comunidad parroquial, aunque somos pocos, todos sea cual sea nuestra edad “nos unimos en oración pidiéndole al Señor que nos descubra su proyecto de amor para nuestra vida y que nos dé el valor para arriesgarnos en el camino que Él ha pensado para nosotros desde la eternidad”.

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