Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía del XVI del TO-C

Objetivo a largo plazo

16 TO-C

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VER:

Las personas, a medida que vamos creciendo, necesitamos marcarnos objetivos. El objetivo es el fin que se desea lograr o la meta que se pretende alcanzar, y en función de su objetivo, la persona va tomando unas decisiones u otras. Hay objetivos a corto plazo, con un fin más o menos inmediato, y hay otros a largo plazo, que necesitan más tiempo para alcanzarse. Sean del tipo que sean, ésta es una tarea que nunca deberíamos abandonar: una persona sin objetivos es una persona sin motivación que va cayendo en la rutina y en la apatía. Los objetivos constituyen el “para qué” de nuestra vida, lo que nos da orientación y sentido.

JUZGAR:

También en la vida de fe necesitamos objetivos. En las etapas de infancia y juventud es más común proponernos objetivos a corto plazo: uno se prepara “para” la Primera Eucaristía, o “para” la Confirmación, o realiza los cursillos prematrimoniales “para” contraer Matrimonio… Pero una vez se han alcanzado esos objetivos a corto plazo, para la mayoría ya no hay más objetivos, ni a corto ni a largo plazo, y se vive la fe de un modo estancado, rutinario, limitándose en el mejor de los casos a cumplir el precepto dominical y participar en algunas celebraciones importantes o fiestas.

Sin embargo, la vida de fe no puede ni debe quedar estancada. Como indicó el Papa Pablo VI en “Evangelii nuntiandi” 14: “La Iglesia existe para evangelizar”. Y la evangelización, como hemos escuchado a San Pablo en la 2ª lectura, también tiene unos objetivos, pero no sólo a corto plazo. Hay un objetivo a largo plazo que no debemos pasar por alto: Nosotros anunciamos a ese Cristo… para que todos lleguen a la madurez en su vida cristiana. Éste ha de ser nuestro objetivo a largo plazo, como Iglesia y también como cristianos, y desde aquí hay que configurar esos otros “objetivos a corto plazo”, las etapas de ese proceso, que deben ayudar a alcanzar el objetivo de la madurez en la vida cristiana.

Y uno de los instrumentos que la Iglesia se ha dado a sí misma para llevar adelante el objetivo de que todos lleguen a la madurez en su vida cristiana es la Acción Católica General. La ACG nace y vive en la Iglesia y al servicio de la misión apostólica de la Iglesia, con el fin de “impulsar un laicado maduro, evangelizador, consciente y que cultive una espiritualidad apostólica centrada en Cristo” (Proyecto de ACG).

Y para alcanzar la madurez cristiana, un elemento indispensable es la formación. En el Evangelio hemos escuchado que Marta sólo se dedicaba a atender los “objetivos a corto plazo”: se multiplicaba para dar abasto con el servicio. Pero María, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra: ella tiene un objetivo a largo plazo: el conocimiento de Cristo. La respuesta de Jesús a Marta no es un menosprecio de “lo que hay que hacer”, sino que sitúa en primer lugar lo esencial, la parte mejor, el encuentro con Cristo, que es lo que permite y hace posible después la acción “a corto plazo”.

Por eso, en la ACG “la formación se propone suscitar, promover y alimentar la comunión con Jesucristo: Su finalidad no es meramente la transmisión de una doctrina, sino que es poner a la persona no sólo en contacto, sino en comunión con Jesucristo, mediante el encuentro personal con Él”. (Proyecto de ACG). Es el instrumento para vivir la experiencia de María: haber elegido la parte mejor que nos orienta hacia el objetivo de llegar a la madurez en la vida cristiana. Y en ese proceso formativo se van insertando los “objetivos a corto plazo”, la recepción de los Sacramentos, pero no como fines en sí mismos, sino como “momentos fuertes” que van señalando las etapas del proceso continuo de crecimiento y maduración en la fe.

ACTUAR:

¿Qué objetivos me he marcado en mi vida? ¿Han sido a corto o a largo plazo? ¿Me he marcado objetivos en mi vida de fe, o estoy estancado? ¿Tengo el objetivo de llegar a la madurez en la vida cristiana? ¿Qué instrumentos utilizo para ello? ¿Conozco la Acción Católica General y su Proyecto?

Estamos llamados a dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza (1Pe 3, 15), y esto requiere que todos los que somos y formamos la Iglesia no nos quedemos en objetivos a corto plazo, en el cumplimiento y sacramentalismo, sino que tengamos el objetivo a largo plazo de llegar a la madurez en la vida cristiana. Aprovechemos la ACG como el instrumento que la Iglesia nos ofrece para elegir la parte mejor, como María y así, desde el encuentro personal con Cristo, ser buenas “Martas” que se multipliquen para llevar a cabo el servicio de la misión evangelizadora, que es nuestra única razón de ser como Iglesia.

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