Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XIX del TO-C

Va a venir

19 TO-C

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VER:

Para la celebración en Valencia del Décimo Aniversario de Acción Católica General, invitamos al Sr. Arzobispo. Cuando nos confirmaron que vendría a la celebración, los preparativos adquirieron un carácter diferente, puesto que ahora teníamos la certeza de que iba a venir y había cosas que dependían de su presencia o no para hacerse. También en nuestra vida ordinaria, si sabemos que alguien va a venir a nuestra casa, procuramos preparar las cosas en función de esa persona: no es lo mismo que venga un familiar directo que uno lejano; no es lo mismo una persona anciana que una joven… En función de quien viene hacemos los preparativos para recibirle del mejor modo posible.

JUZGAR:

Hay un aspecto de nuestra fe en el que no solemos profundizar mucho, a pesar de que todos los domingos lo repetimos al rezar el Credo: “Jesucristo… de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos…” Jesucristo, el Señor, va a venir y la Palabra de Dios nos invita a prepararnos para recibirle.

En primer lugar, no nos debe pillar de improviso su venida, puesto que Dios mismo siempre ha anunciado sus venidas, aunque no haya dicho el momento exacto de las mismas. En la 1ª hemos escuchado que la liberación de la esclavitud en Egipto ya se les anunció de antemano a nuestros padres para que tuvieran ánimo al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Y nosotros podemos aplicarnos estas palabras: la venida gloriosa del Señor Jesucristo se nos ha anunciado de antemano para que conozcamos con certeza la promesa de que nos fiamos, y podamos estar preparados para recibirle.

Además, el mismo Jesús, en el Evangelio, nos lo ha estado diciendo: Estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del hombre.

El Señor va a venir: es uno de los artículos del símbolo de nuestra fe, del Credo. Y como hemos escuchado en la 2ª lectura, la fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve. Puesto que por la fe tenemos la seguridad de su venida, ¿cómo nos estamos preparando para recibirle?

Tened ceñida la cintura…: ceñirse la cintura significaba disponerse a realizar algún trabajo. ¿Tengo disposición para trabajar por el Reino, o soy un católico pasivo, limitándome al cumplimiento?

…y encendidas las lámparas: las lámparas se encienden para ver en la oscuridad, y también como signo de espera y acogida. ¿Mantengo bien encendida la lámpara de mi fe, para que me ayude a “ver” en medio de la oscuridad de este mundo? Por mi palabra y obras, ¿soy testimonio de fe para otros, les acojo en sus necesidades, les ayudo a que también “vean” el camino que lleva hacia Cristo?

Si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. ¿Estoy atento a los “boquetes” que se abren en mi vida de fe? ¿Cómo procuro repararlos? ¿Cómo es mi oración? ¿Participo en la Eucaristía de forma consciente y activa, o me limito a “oír Misa”? ¿Cada cuánto recibo el Sacramento de la Reconciliación? ¿Sigo una formación cristiana que me lleve al encuentro con Cristo? ¿Tengo identificados a los “ladrones” que provocan esos boquetes? ¿Soy consciente de mis debilidades y carencias, y pido de corazón “no nos dejes caer en la tentación”?

Pero como hemos dicho, el Señor nos ha asegurado su venida aunque no nos ha dicho el momento concreto. Y nos puede pasar también como a ese empleado que piensa: “Mi amo tarda en llegar” y empieza a pegarles a los mozos, a comer y beber y emborracharse… Pero para que no bajemos la guardia, la 2ª lectura nos ha mostrado el ejemplo de fe de quienes nos han precedido: Por su fe son recordados los antiguos… con fe murieron todos éstos, sin haber recibido la tierra prometida, pero viéndola y saludándola desde lejos. Aunque la venida del Señor no se produzca en el tiempo de nuestra vida, eso no nos exime de estar preparados, todo lo contrario: hemos de vivir la anticipación de su venida, saludándola desde lejos, y además, nuestra preparación, como un eslabón más de la cadena de la fe, va a ayudar a que otros también se preparen para recibirle.

ACTUAR:

El Señor va a venir, aunque no sepamos cuándo. Por eso debemos estar preparados teniendo siempre presentes esas palabras del Prefacio III de Adviento: “El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento para que lo recibamos en la fe y, por el amor, demos testimonio de la espera dichosa de su Reino”.

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