Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Asunción de la Virgen-C

Dogma de fe

Asunción 2

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VER:

Hace años, un profesor pidió a un alumno que solucionase un problema matemático. El alumno iba repitiendo las fórmulas que había aplicado para resolverlo, pero cuando el profesor le indicó que explicase por qué se utilizaban esas fórmulas y no otras, el alumno respondió: “No lo sé, es «dogma de fe»”. No sabía por qué había que utilizarlas, pero las aplicaba y resolvía el problema. La palabra “dogma” suele utilizarse con un cierto sentido negativo, ya que se identifica con algo inamovible e incuestionable que se ha de aceptar “por obligación” aunque no se entienda.

JUZGAR:

En el ámbito de la fe, entendemos por dogma una verdad que la Iglesia define para que sea creída por los fieles. Esto no suele ser aceptado por los no creyentes, y a veces tampoco por los creyentes, que suelen ver los dogmas como imposiciones arbitrarias de la jerarquía eclesiástica y, además se acusa a los católicos de falta de criterio por asentir ciegamente a lo que se les “impone”.

Sin embargo, un dogma no es algo arbitrario, es una verdad de fe que tiene una fundamentación: parte de la Revelación de Dios y ha sido transmitida por la Escritura y la Tradición. Hay razones para definir un dogma y proponerlo, aunque normalmente no se preste atención a esas razones.

Y hoy estamos celebrando uno de los dogmas católicos: la Asunción de la Virgen María. Si preguntáramos por qué hoy es fiesta en tantos sitios, seguramente pocos sabrían la razón. Pero si preguntáramos a los católicos cuáles son las razones por las que el Papa Pío XII proclamó este dogma el 1 de noviembre de 1950, descubriríamos que muy pocos sabrían responder.

Encontramos razones basadas en la Sagrada Escritura y en la Tradición. Esta verdad de fe era conocida y celebrada desde los primeros siglos de la Iglesia, fue recogida en los escritos de los Santos Padres, y continuó a lo largo de la Historia. Las raíces de esta verdad de fe las encontramos en las palabras que Isabel dice a María: ¡Dichosa tú, que has creído! María es la llena de gracia, como la llamó el Ángel en la Anunciación. Ella vivió profundamente la fe de su pueblo, creyó en la promesa que Dios había hecho desde antiguo, y por eso acogió al Hijo de Dios en su seno. Y desde ese momento, hasta la Cruz, María estuvo íntimamente unida a Cristo y a su misión salvadora.

Esta unión con Cristo conlleva seguirle en la Cruz y en la Resurrección, y en María se cumplió esto de un modo particular. Además, el dogma de la Asunción también es consecuencia del dogma de la Concepción Inmaculada de María: De ahí que el Prefacio de hoy sintetice las razones del dogma de la Asunción indicando: “Con razón no quisiste, Señor, que conociera la corrupción del sepulcro la mujer que, por obra del Espíritu Santo, concibió en su seno al autor de la vida, Jesucristo…”

Pero este dogma no es sólo algo que “se ha de creer” y que sólo afecta a la Virgen María. Su Asunción tiene consecuencias para nosotros, como también indica el Prefacio: “Ella es figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada; Ella es consuelo y esperanza de tu pueblo, todavía peregrino en la tierra”. Como María, tenemos que sentirnos “dichosos por haber creído” y vivir con la esperanza de ser también llevados al cielo, como Ella, si seguimos a Cristo con fidelidad. También a nosotros Dios nos aguarda, y en María tenemos la garantía de que “lo que nos ha dicho el Señor se cumplirá”.

ACTUAR

¿Qué significa para mí esta Solemnidad? ¿Sé qué es un dogma de fe? ¿Conocía las razones que impulsaron el dogma de la Asunción de la Virgen? ¿Qué repercusiones tiene para mi vida?

El dogma de la Asunción de la Virgen María nos recuerda que en el cielo tenemos una Madre. Ella nos invita a vivir nuestra fe con radicalidad, a sentirnos dichosos por ello, a encarnar en nuestra vida la Palabra de Dios, a seguir con fidelidad a Cristo hasta la Cruz para participar también de su Resurrección y así, cuando termine nuestra vida terrena, ser llevados al cielo, como Ella.

Celebremos con profunda acción de gracias esta Solemnidad, y pidamos a María Asunta al Cielo que guíe nuestro caminar; recurramos a Ella con confianza, porque como escribió Michel Quoist en su libro “Oraciones para rezar por la calle”: “Ahora, que se aprovechen, dice Dios. En el cielo tienen una Madre que les sigue con sus ojos, que los ama con todo su corazón. Ah, si los hombres fueran pícaros… Bien se aprovecharían. ¿Cómo no se darán cuenta de que yo a Ella no puedo negarle nada? ¡Es mi Madre!”

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