Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XXIII del TO-C

¿Cómo saberlo?

23 TO-C

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Para conmemorar el X Aniversario de Acción Católica General  del 1 al 4 de agosto de 2019 se celebró en Ávila el Encuentro de Laicos de Parroquias, con el lema “Haciendo realidad el sueño de Dios”. El objetivo era profundizar en la vivencia de la misión evangelizadora como fruto de la vocación a la que el Señor llama a cada uno. Y al hablar de “vocación” tendemos a limitarla a vocaciones al sacerdocio ministerial o a una especial consagración en órdenes religiosas o institutos seculares; pero la “vocación” es la llamada que Dios dirige a toda persona para que se desarrolle y alcance el sentido y felicidad que desea. Y no sólo ante grandes decisiones, sino también en lo rutinario, en lo de cada día. Porque la vocación es un estilo de vivir.

JUZGAR:

Sin embargo, cuando se plantea la vocación en los Equipos de Vida, normalmente surge una cuestión: ¿Cómo puedo saber cuál es mi vocación? ¿Cómo puedo saber lo que Dios quiere de mí?

Es la misma pregunta que hemos escuchado en la 1ª lectura: ¿Qué hombre conoce el designio de Dios, quién comprende lo que Dios quiere? Nuestros razonamientos son falibles. Vemos prácticamente imposible descubrir la propia vocación, y por eso tendemos a considerar a quienes sí lo han hecho como personas extraordinarias, muy lejos de nuestra realidad. Pero se nos olvida algo esencial:

Que la vocación, la llamada de Dios, no tiene otro fundamento que el amor, que Él nos ama desde toda la eternidad, que nos ha “primereado” en el amor (cfr. EG 24).

Que la vocación no es algo abstracto o general: es una llamada personal. Dios me ama a “mí” y su llamada va dirigida a “mí”, con mis luces y sombras, que Él conoce mejor que yo.

Que a la vocación, como llamada personal de amor, sólo se puede responder por amor. Como decía San Pablo a Filemón en la 2ª lectura: No a la fuerza, sino con toda libertad.

Teniendo esto presente, forma parte de nuestro ser cristianos la necesidad de discernir cuál es “mi vocación”, cómo he de llevar adelante este estilo de vida, qué “me” pide Dios. Una respuesta que debe ser fiel, precisamente porque está fundada en el amor. La vocación cristiana tiene unas exigencias, como decía Jesús en el Evangelio: Si alguno no pospone… quien no lleve la cruz… el que no renuncia… Y por esto la respuesta requiere una necesaria reflexión y discernimiento, como invita Jesús con esos ejemplos de la construcción de una torre o de iniciar una batalla.

Pero tampoco se nos debe olvidar que el discernimiento no es un proceso puramente intelectual. Como decía también la 1ª lectura: ¿Quién conocerá tu designio, si Tú no le das sabiduría enviando tu Santo Espíritu desde el cielo? El discernimiento es un proceso guiado por el Espíritu Santo. Como dijo el Papa San Pablo VI en “Evangelii nuntiandi” 75: “Él es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio. Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar”. 

Tras el tiempo de verano, al volver a las actividades cotidianas, hoy el Señor nos invita a descubrir o renovar nuestra vocación, a que le preguntemos: ¿Qué esperas de mí? Y podemos conocer Su voluntad porque el Espíritu Santo actúa, especialmente en la comunidad parroquial. La parroquia no está sólo para prestar “servicios religiosos”: la parroquia es la casa común de los discípulos misioneros que, mediante las celebraciones, oraciones, Equipos de Vida, etc., se encuentran con el Señor Resucitado y aprenden a discernir su vocación y a llevarla a la práctica con sus vidas.

ACTUAR:

¿Sé cuál es mi vocación, me siento llamado por amor y personalmente por Dios? ¿Cómo es mi respuesta? ¿Vivo como miembro de la comunidad parroquial para discernir la voluntad de Dios, o me sirvo de la parroquia sólo para “servicios religiosos”? ¿Tengo presente al Espíritu Santo?

Dios nos llama a todos y cada uno, personalmente y por amor, a una vocación, y podemos descubrirla y responder a ella porque Él mismo nos ha dado su Espíritu. Por eso, tengamos presentes las palabras del Papa Francisco en “Christus vivit”: “Puedes llegar a ser lo que Dios, tu Creador, sabe que eres, si reconoces que estás llamado a mucho. Invoca al Espíritu Santo y camina con confianza (107) Invoca cada día al Espíritu Santo… ¿Por qué no? No te pierdes nada y Él puede cambiar tu vida, puede iluminarla y darle un rumbo mejor. No te mutila, no te quita nada, sino que te ayuda a encontrar lo que necesitas de la mejor manera”. (131)

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