Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XXIV del TO-C

¿A qué venimos?

24 TO-C

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VER:

En una semana ocurrió dos veces el mismo incidente: a personas habituales de la comunidad parroquial les suena el teléfono móvil durante la Eucaristía. Podría entenderse que se han olvidado de ponerlo en silencio, pero lo peor es que respondieron a la llamada y se pusieron a hablar, sin importarles que estaban en plena celebración. Después de llamar la atención a estas personas por su falta de respeto, dirigí una pregunta a todos los presentes: ¿A qué venimos a la Eucaristía?

JUZGAR:

Para la mayoría de la gente la Eucaristía dominical consiste en “oír misa”. Vienen para “cumplir un precepto”, como si se tratara de fichar en el trabajo, algo que “hay que hacer” para no incurrir en pecado. Y puesto que, desde esta concepción, sólo se trata de “oír”, las personas asisten pasivamente, como espectadores, sin prestar mucha atención, y no ven problema en llegar tarde a la celebración (“si es antes del Credo me vale”) o en ponerse a hablar entre ellos o por el móvil, puesto que con sólo “estar” ya están cumpliendo “la obligación”.

Pero el Evangelio de este domingo nos ha recordado, por dos veces, una de las razones fundamentales por las que venimos a participar en la Eucaristía, además de para encontrarnos con el Señor Resucitado: porque habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.

Venimos a participar en la Eucaristía para encontrarnos con el Señor y que ese encuentro nos mueva a la conversión. Así lo dijo Jesús al comienzo de su vida pública: Convertíos y creed en el Evangelio (Mc 1, 15). La conversión no es algo sólo para el tiempo de Cuaresma: la conversión debe ser una constante en nuestra vida como discípulos y apóstoles del Señor, para crecer en santidad.

Venimos a participar en la Eucaristía para convertirnos cada vez más al Señor. Una conversión que ha de darse a nivel individual y comunitario, como parroquia, como Iglesia.

La conversión individual empieza por reconocer que estamos necesitados de conversión, como decía san Pablo en la 2ª lectura: yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un violento… Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero… Y desde este reconocimiento, buscar el encuentro con el Señor, sobre todo el encuentro privilegiado que es la Eucaristía. Entonces, ¿a qué venimos? A convertirnos, a ir haciendo nuestras sus actitudes, valores, pensamientos… para que nuestro modo de pensar, sentir, actuar y vivir sean reflejo del Evangelio que Él predicó.

Y respecto a la conversión colectiva, el Papa Francisco dijo en “Evangelii gaudium” 25. “Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están”.

La conversión comunitaria también empieza por reconocer que nuestras parroquias, que la Iglesia entera, está necesitada de esa conversión. Si “dejamos las cosas como están”, si seguimos manteniendo el sacramentalismo y la idea de que la Eucaristía sólo es “oír misa” para “cumplir el precepto”, nos ocurrirá lo que decía la 1ª lectura: se han desviado del camino que yo les había señalado. La Iglesia existe para evangelizar, y esto requiere un estado permanente de conversión, para ser fieles a lo que es nuestro ser y misión. Así lo indica también el Papa Francisco: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual, más que para la autopreservación”. (EG 27)

ACTUAR:

¿Me he preguntado a qué vengo a la Eucaristía? ¿Siento la llamada permanente a la conversión, o lo dejo sólo para Cuaresma? ¿Mi parroquia es misionera o de mantenimiento? ¿Qué hago al respecto?

La Facultad de Teología de Valencia desarrolló un Seminario en el que se buscaron propuestas para avanzar en la conversión pastoral. Y uno de los materiales planteaba cuatro preguntas que deberíamos hacernos, individual y comunitariamente, para ayudarnos en el proceso de conversión, como lo hicimos en la Asamblea de Fin de Curso : ¿Qué estamos haciendo que necesitamos dejar de hacer? ¿Qué no estamos haciendo que necesitamos empezar a hacer? ¿Qué estamos haciendo bien que podría ser mejor si lo perfeccionamos? ¿Qué ideas diferentes podríamos experimentar?

No nos “perdamos”, como la oveja o la moneda de las parábolas. Tengamos claro a qué venimos y pasemos de una vida de fe de cumplimiento y de una pastoral de mantenimiento a una vida de fe y una pastoral en conversión, para poder encontrarnos realmente con el Señor Resucitado.

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