Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XXV del TO-C

 

Lo menudo

25 TO-C

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VER:

Durante los preparativos de un encuentro, al pensar cómo distribuir las tareas, uno de los organizadores dijo: “Al final siempre acabamos recurriendo a los mismos”. Y es que, cuando tenemos que organizar algo especial y necesitamos ayuda, aunque haya varias personas conocidas, lo más normal es recurrir a quienes nos merecen más confianza, porque sabemos que nos van a responder bien. La confianza es algo que se va construyendo y generando día a día, en el trato cotidiano, y no sólo en grandes ocasiones, sino sobre todo en los pequeños detalles.

JUZGAR:

La mayor parte de nuestra vida, ya sea en la familia, trabajo, estudios, amigos, aficiones y por supuesto también nuestra vida de fe, está constituida por “lo menudo” de lo cotidiano, por lo “insignificante” del día a día, salpicadas de vez en cuando por algún acontecimiento extraordinario.

Pero eso que solemos calificar de “insignificante” es lo más valioso para Dios. Por eso hoy en el Evangelio, Jesús nos ha dicho: El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Es en “lo menudo” del día a día en donde nos jugamos el ser o no merecedores de confianza: para los demás, para nosotros mismos, y para Dios.

Por eso, fijándonos en lo menudo de nuestro día a día, preguntémonos respecto a los demás: ¿Cómo es mi relación con mi familia? ¿Renuncio a algo por ellos? ¿Colaboro en el funcionamiento y sostenimiento del hogar? ¿Soy cuidadoso y limpio en mi comunidad de vecinos o en el barrio, pienso si puedo estar haciendo algo que pueda molestar a alguien? Con mis amigos, ¿soy servicial, sin esperar que me lo pidan? ¿Sé guardar un secreto, o soy chismoso? En mi trabajo, ¿procuro hacerlo bien, sea el que sea, aunque nadie lo vea o me lo reconozca? En la sociedad, ¿cumplo mis obligaciones fiscales? ¿Soy solidario? Si soy estudiante: ¿Cómo es mi comportamiento en el colegio, instituto…? ¿Estudio lo que debo? ¿Me implico en algo más que simplemente “ir a clase”?

Preguntémonos respecto a mí mismo: ¿Cuido bien de mi salud, con una alimentación sana, con algo de ejercicio, con el tiempo necesario de descanso? ¿Cuido de mi aspecto, soy desaliñado, o excesivamente vanidoso? ¿Sé reconocer mis cosas buenas y también mis defectos y debilidades? ¿Ejercito una sana autoestima?

Y preguntémonos también respecto a Dios: ¿Hago oración, trato de amistad con Dios, o me limito a “decir mis oraciones”? ¿Es la Eucaristía dominical el centro de mi vida como cristiano, o voy sobre todo para cumplir el precepto? ¿Procuro llegar al templo con tiempo para prepararme, o no me importa llegar tarde porque sigo pensando que “si llego antes del Credo, me vale”? ¿He asumido algún compromiso, fruto de mi fe? ¿Participo en el día a día de la comunidad parroquial, en alguna de las áreas pastorales, formo parte de algún Equipo de Vida, o sólo acudo a “oír Misa”, o cuando necesito algo o con ocasión de alguna celebración familiar, y me desentiendo de la parroquia el resto del tiempo?

ACTUAR:

¿De qué personas puedo afirmar que “son de fiar”? ¿Por qué? ¿Y yo, soy de fiar? ¿Por qué?

A la hora de afrontar nuestro día a día, deberíamos tener presentes las palabas del Señor: El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Y preguntarnos con sinceridad si doy muestras de que soy de fiar, de que se puede contar conmigo tanto para lo extraordinario como sobre todo para lo ordinario.

Como hemos dicho, es en “lo menudo” del día a día en donde nos jugamos el ser o no “de fiar” para los demás, para nosotros mismos, y para Dios. Y deberíamos tener más presente que si cada cristiano, individualmente, somos “de fiar” en lo menudo, también la Iglesia entera “será de fiar”. Cuidemos lo menudo, lo cotidiano, porque como dice el Papa Francisco en “Evangelii gaudium” 127: “hay una forma de predicación que nos compete a todos como tarea cotidiana. Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata (…) Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y también cuando visita un hogar. Ser discípulo es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino”.

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