Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XXVII del TO-C

Ordenando el armario de nuestra fe

27TO-C

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VER:

Cuando un día nos decidimos y nos ponemos a ordenar armarios y estanterías, muchas veces aparecen objetos, papeles, recuerdos, prendas… que no recordábamos que los teníamos. En su día los dejamos allí, seguramente con la intención de utilizarlos más adelante, pero entre el ajetreo de la vida diaria y que otras cosas, objetos y prendas se fueron acumulando en ese lugar, se nos había olvidado completamente que los teníamos. Y al encontrarlos, nos solemos llevar una alegría.

JUZGAR:

También en lo referente a la fe nos ocurre algo parecido. A lo largo de nuestra vida de fe hemos ido recibiendo y adquiriendo conocimientos, experiencias, vivencias, recuerdos… que vamos depositando en los “armarios y estanterías” de nuestra memoria. Al principio estos conocimientos y experiencias suelen permanecer “frescos” y los recordamos, pero el paso del tiempo y las circunstancias de la vida provocan que vayan como apagándose, que nos vayan quedando lejanos y, a veces, se nos olvidan por completo.

Y precisamente esas circunstancias de la vida, propia o ajena, cuando son negativas, provocan en nosotros que surjan preguntas como las que hemos escuchado en la 1ª lectura: ¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré sin que me salves? ¿Por qué me haces ver desgracias, violencias, catástrofes?

Como creyentes, sabemos que Dios “está”, pero en esos momentos no encontramos signos de su presencia y, como se nos han olvidado esos conocimientos, experiencias y vivencias de fe que hemos tenido, no encontramos respuesta para estas preguntas, que parece que caen en el vacío.

Y escuchamos también que el justo vivirá por su fe; pero como en esos momentos nos parece que nuestra fe ha desaparecido o no nos sirve, pedimos al Señor, como los Apóstoles en el Evangelio: Auméntanos la fe. Deseamos y esperamos que Él nos dé eso que ahora tanto necesitamos.

Pero Él nos responde: Si tuvierais fe como un granito de mostaza… El Señor no está refiriéndose al “tamaño” o “cantidad” de fe que “deberíamos” tener a estas alturas; sus palabras, precisamente en esos momentos de dificultad, de oscuridad, de preguntas sin respuesta… son una invitación a pararnos y revisar los “armarios y estantes” de nuestra memoria, porque seguro que nos llevaremos la alegría de encontrar esa fe que pedimos y que ya tenemos, aunque sea como un granito de mostaza.

De ahí las palabras de san Pablo a Timoteo en la 2ª lectura: Aviva el fuego de la gracia de Dios que recibiste. Es una llamada a buscarnos un tiempo para ordenar los “armarios y estanterías” de nuestra memoria, para encontrar esa experiencia de fe que se nos ha olvidado que teníamos. Y ¿cómo “ordenar” nuestras experiencias, vivencias y conocimientos de la fe? Decía san Pablo a Timoteo:

Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. ¿Qué es lo que me acobarda en mi vida? Saquémoslo a la luz, démosle nombre, identifiquémoslo y pongámoslo delante de Dios para que su Espíritu nos enseñe a verlo y juzgarlo en su justa medida.

No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor. ¿Me da miedo decir que soy cristiano, oculto mi fe? ¿A qué se debe? ¿Quizá porque no sé dar razón de mi fe y mi esperanza? Ésta puede ser una llamada a iniciar mi formación cristiana, o a cuidarla y mejorarla si ya formo parte de un Equipo de Vida.

Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios te dé. Quizá por no “utilizar” la fe, por no llevarla a la vida, por no haber asumido algún compromiso en la comunidad parroquial, mi fe ha ido quedando apagada y relegada y me parece que “no me sirve”. Es otra llamada a preguntarnos seriamente cómo participar, según nuestras fuerzas, en alguna de las iniciativas pastorales que se llevan a cabo en la comunidad parroquial.

ACTUAR:

¿Me detengo en alguna ocasión a “ordenar el armario” de la fe para recordar los conocimientos, vivencias y experiencias de fe que he ido adquiriendo en mi vida? ¿Qué experimento al hacerlo? ¿La fe me ayuda a responder a esas preguntas que surgen en los momentos difíciles?

No pidamos ni busquemos por fuera lo que ya tenemos en nuestro interior: aprovechemos las oportunidades y medios que desde la parroquia se nos ofrecen para avivar nuestra fe de modo que, aunque nos parezca que es como un granito de mostaza, pueda iluminar toda nuestra vida.

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