Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XXVIII del TO-C

Memoria agradecida

28TO-C

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Al realizar un viaje, es muy común traernos “algo de recuerdo”. Pueden ser fotografías, o algo comprado en una tienda, o a veces una simple piedra. Quizá con el paso del tiempo se nos difuminan los recuerdos de ese viaje, pero al contemplar esos objetos, nos viene de nuevo a la memoria lo que vivimos y experimentamos entonces. La memoria es la facultad de recordar el pasado. Y como, a partir de cierta edad, nos solemos quejar de “falta de memoria”, se recomienda hacer ejercicios para ejercitarla: juegos de palabras o números, pasatiempos, imágenes…

JUZGAR:

La fe cristiana nos dice que nuestra vida entera es también un viaje: no hemos salido de la nada para acabar en la nada; estamos en camino hacia la casa del Padre. Y en este viaje de nuestra vida cristiana también vamos adquiriendo recuerdos, de diferentes tipos: experiencias, acontecimientos, personas… que nos han hecho llegar hasta donde estamos hoy. Y no quisiéramos olvidarlos.

Pero sabemos que con el paso del tiempo y con la atención que debemos prestar a lo inmediato, es muy común que esos recuerdos se vayan difuminando. De ahí la exhortación que san Pablo ha hecho a Timoteo en la 2ª lectura: Haz memoria de Jesucristo el Señor. Es una llamada para todos nosotros a “ejercitar nuestra memoria de la fe”. Y esto es más que un simple “recordar”, es algo que debe formar parte de nuestra vida de fe, como indica el Papa Francisco en “Evangelii gaudium” 13: “La memoria es una dimensión de nuestra fe… en analogía con la memoria de Israel”. Periódicamente, el pueblo de Israel hacía memoria de las acciones de Dios, sobre todo cuando se habían apartado de Él, para que el recuerdo agradecido de esas acciones les impulsara a volver al buen camino.

Precisamente la “falta de memoria agradecida” es lo que Jesús ha denunciado en el Evangelio. De los diez leprosos curados, sólo uno se volvió alabando a Dios a grandes gritos, por eso Jesús dice: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Sólo uno hace memoria agradecida de la acción del Señor, y por eso tu fe te ha salvado.

Necesitamos hacer memoria agradecida de la acción del Señor en nuestra vida, porque como dice el Papa Francisco: “La vida cristiana es, ante todo, la respuesta agradecida a un Padre generoso. Los cristianos que sólo siguen «deberes» denuncian que no tienen una experiencia personal de ese Dios que es «nuestro». Tengo que hacer esto, esto, esto… Sólo deberes. ¡Pero te falta algo! ¿Cuál es el fundamento de este deber? El fundamento de este deber es el amor de Dios el Padre, que primero da, después manda. La gratitud es un rasgo característico del corazón visitado por el Espíritu Santo; para obedecer a Dios, primero debemos recordar sus beneficios. ¿A dónde nos lleva todo esto? A hacer un ejercicio de memoria: ¡cuántas cosas bellas ha hecho Dios por cada uno de nosotros!” (Audiencia 27-junio-18)

¿Cómo ejercitar la memoria de nuestra fe? El Papa nos indica varios modos, entre otros:

La oración: “La oración, precisamente porque se alimenta del don de Dios que se derrama en nuestra vida, debería ser siempre memoriosa. Mira tu historia cuando ores y en ella encontrarás tanta misericordia. Al mismo tiempo esto alimentará tu consciencia de que el Señor te tiene en su memoria y nunca te olvida”. (Gaudete et exsultate 153)

Los Sacramentos: “En ellos se comunica una memoria encarnada, ligada a los tiempos y lugares de la vida, asociada a todos los sentidos; implican a la persona”. (Lumen fidei 40)

La Eucaristía: “es un acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final”. (Lumen fidei 44)

ACTUAR:

Hay otros modos que la Iglesia nos ofrece para hacer ejercicios de memoria agradecida, porque la “Iglesia, como toda familia, transmite a sus hijos el contenido de su memoria” (Lumen fidei 40): la formación, la confesión de fe… para tener no sólo recuerdos, sino experiencia viva de Dios. Así dice el Papa:

Que el cristiano siempre “haga memoria” de los modos y de las circunstancias con que Dios se ha hecho presente en su vida, porque esto refuerza el camino de la fe. Se trata de volver hacia atrás para ver cómo Dios nos ha salvado, recorrer el camino –con el corazón y con la mente– con la memoria, y llegar así a Jesús. Es importante hacer memoria, tener memoria de la propia vida y del propio camino. De esta manera llegamos a un nuevo encuentro, que podría llamarse el «encuentro de la gratitud», como el leproso del Evangelio, en el que se podría rezar así: «¡Gracias Señor, por este camino que has hecho conmigo!» La memoria nos acerca a Dios. ¡Hagan memoria! ¿Cómo ha sido mi vida, cómo ha sido mi jornada hoy, o cómo ha sido este último año? Memoria. ¿Cómo han sido mis relaciones con el Señor? Memoria de las cosas bellas, grandes que el Señor ha hecho en la vida de cada uno de nosotros”. (Homilía 21-abril-2016)

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