Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XXIX del TO-C

Cláusula de permanencia

29TO-C

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VER:

Debido a la variedad de ofertas y a la competencia, cuando contratamos un servicio de telefonía, televisión, electricidad o gas, seguros, alquiler… la empresa que nos lo suministra suele incluir en el contrato una “cláusula de permanencia”, que es en el compromiso de no darse de baja en ese servicio durante un tiempo. Solemos ver la permanencia como algo negativo, que nos obliga y nos “ata”, pero generalmente aceptar la cláusula de permanencia conlleva una serie de beneficios que perderemos si nos damos de baja antes de tiempo, y además con una penalización económica.

JUZGAR:

La permanencia, en sentido amplio, consiste en mantenerse en un mismo estado, lugar o situación de una forma constante y estable; todo lo contrario a la tendencia al cambio continuo, a la superficialidad que genera inseguridad. No hay que confundir la permanencia con inmovilismo, con estar simplemente quieto sin inmutarse ni avanzar, ya que esto provoca estancamiento. La permanencia es algo positivo, activo, que genera estabilidad y confianza, y por eso motiva a la persona a perseverar, a mantenerse a pesar de las dificultades, como lo hacen tantos misioneros, a quienes hoy recordamos especialmente en la Jornada del Domund.

La Palabra de Dios de este domingo parece que incluye una “cláusula de permanencia” como algo necesario para la vida de fe, para ser discípulos-misioneros, pero no como una obligación para “atarnos”, sino como algo que nos va a beneficiar y nos va a permitir alcanzar una serie de metas. En las lecturas hemos escuchado varios ejemplos de permanencia, y los beneficios que conlleva:

En la 1ª lectura, Moisés permanece con las manos en alto durante la batalla contra Amalec; y aunque le pesaban las manos, Aarón y Jur le sostenían los brazos, y de este modo Josué obtiene la victoria. ¿Qué batallas he debido librar o estoy librando en mi vida? ¿He sufrido el cansancio, he tenido ganas de “bajar los brazos” y abandonar? ¿Ha habido personas que me han sostenido, que he han ayudado, y gracias a ellas he permanecido en la lucha y no me he rendido?

En la 2ª lectura, San Pablo indica a Timoteo: Permanece en lo que has aprendido… de niño conoces la Sagrada Escritura… así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena. ¿He mantenido, cuidado y hecho crecer y madurar lo que aprendí, quizá de niño, sobre la fe en Cristo y sobre la Sagrada Escritura, o lo he ido olvidando y abandonando? ¿Permanecer en la fe me hace sentirme “equipado” para afrontar mi vida, para hacer el bien?

Y en el Evangelio, Jesús nos ha contado la parábola de la viuda y el juez inicuo para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse. La permanencia de la viuda en su reclamación logra que se le haga justicia. ¿Cómo es mi oración? ¿Me desanimo si creo que Dios “no me hace justicia”, o permanezco insistiéndole día y noche?

Aceptar la “cláusula de permanencia” que conlleva una vida cristiana coherente nos va a reportar muchos beneficios, mientras que no aceptar la “permanencia” va a suponernos una penalización.

Si Moisés no hubiera permanecido con las manos en alto, Josué habría perdido la batalla; y nosotros perderemos las batallas que la vida nos presenta.

Si Timoteo no hubiera permanecido en lo que había aprendido, no habría avanzado por el camino que conduce a la salvación; y nosotros nos perderemos por los caminos erróneos que se nos ofrecen.

Si la viuda no hubiese permanecido insistiendo al juez, su adversario habría vencido; y nosotros, si nos desanimamos en nuestra oración, sucumbiremos ante tantas injusticias y ante tantos adversarios que nos hacen sufrir y que humanamente nos superan.

ACTUAR:

¿Soy una persona que sabe “permanecer”, o soy “cambiante” e inconstante? ¿Estoy dispuesto a aceptar la “cláusula de permanencia” que conlleva el seguimiento de Cristo? ¿Lo acepto por obligación, para evitar “penalizaciones”, o descubro los beneficios que va a producir?

Al final del Evangelio, Jesús lanzaba una pregunta: cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? Ojalá que en este mundo de lo cambiante, de lo superficial, los cristianos mostremos que la “cláusula de permanencia” en el seguimiento de Cristo es la clave que nos conduce a la salvación.

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