Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía de Todos los Santos-C

Una melodía más hermosa

Todos los Santos

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VER:

Desde comienzos del mes de octubre empezaron a verse en tiendas y bazares los adornos de la fiesta de Halloween. Desde que comenzó a implantarse en España, han sido muchas las voces que han atacado esta fiesta viéndola como una representación de la “cultura de la muerte”, algo que es contrario a “nuestras costumbres y tradiciones”. También han surgido iniciativas para contrarrestarla utilizando sus mismos métodos, como, por ejemplo, invitando a los niños a que, en vez de monstruos o muertos vivientes, se disfracen de santos. Pero no sólo ocurre con Halloween: el secularismo de nuestra sociedad presenta una pluralidad de ofertas de consumismo, evasión, distracción… que resultan mucho más atractivas que nuestro anuncio del Evangelio. Ante esta realidad, no debemos situarnos en posiciones de permanente condena, dando la sensación de que siempre estamos enfadados; pero tampoco debemos situarnos en un cristianismo claudicante o “resignado”, que se limita a tratar mantener lo que hay mientras podamos y nos dejen.

JUZGAR:

En este sentido, el Papa Francisco indica en “Christus vivit” 223: “Con demasiada frecuencia estamos condicionados por modelos de vida triviales y efímeros que empujan a perseguir el éxito a bajo costo, desacreditando el sacrificio. Se debe reclamar el derecho a que no prevalezcan las muchas sirenas que hoy distraen de esta búsqueda. Ulises, para no rendirse al canto de las sirenas, que seducían a los marineros y los hacían estrellarse contra las rocas, se ató al mástil de la nave y tapó las orejas de sus compañeros de viaje. En cambio, Orfeo, para contrastar el canto de las sirenas, hizo otra cosa: entonó una melodía más hermosa, que encantó a las sirenas”.

Ante los “cantos de sirena” que tanto seducen y atraen pero hacen naufragar a las personas, no debemos “taparnos las orejas” ni “atarnos” o reprimirnos para que no nos arrastren; hay que entonar una melodía más hermosa: y esa melodía es el testimonio de todos los santos, “los mejores hijos de la Iglesia” (Prefacio), a quienes hoy especialmente celebramos.

Hoy es una gran fiesta porque  “los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión” (GE 4) y por eso en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad” (Prefacio).

Pero no los celebramos como a seres excepcionales que realizaron cosas inalcanzables para nosotros. Hoy nos unimos a ellos en la comunión de los santos para que intercedan por nosotros, para que hoy podamos entonar “una melodía más hermosa”, la nuestra, porque como nos recuerda el Papa Francisco en “Gaudete et exsultate” 11: “Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él”.

Para poder entonar, como todos los santos, esa “melodía más hermosa” sin desafinar, necesitamos una partitura que nos guíe. Y la partitura de “la melodía más hermosa” son las Bienaventuranzas, que hemos escuchado en el Evangelio: “Puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad, pero nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas. Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas”. (GE 63)

Y teniendo la partitura, ahora nosotros debemos ir componiendo la letra con nuestros actos, “viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra” (GE 14).

ACTUAR:

¿Ante las propuestas y desafíos que nos presenta la sociedad secularizada, respondo atacando y condenando, o me “tapo los oídos”, o “me ato y reprimo” como hizo Ulises? ¿Tengo presentes las Bienaventuranzas? ¿Sé “ponerles mi letra” tratando de llevarlas a la práctica?

Nos rodean muchos cantos de sirenas, muchos caminos atrayentes y seductores, y sabemos que muchos, y nosotros mismos, estamos en peligro de naufragar. La solemnidad de hoy nos invita a no ser “Ulises” sino “Orfeos” y hacer sonar una melodía más hermosa, porque “ésta es la gran tarea: responder a los estribillos paralizantes del consumismo cultural con opciones dinámicas y fuertes” (CV 223). Y como nos han enseñado todos los Santos, no hay nada más dinámico ni más fuerte, no hay melodía más hermosa, que hacer vida las Bienaventuranzas, porque “en ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas”. (GE 63)

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