Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XXXI del TO-C

Encuentro personal con el Señor

31 TO-C

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VER:

Como personas, hemos llegado a ser lo que somos gracias, en gran medida, por los encuentros que hemos tenido a lo largo de nuestra vida. El encuentro personal es algo mucho más profundo que un simple estar juntos o compartir algún interés: por eso no lo tenemos con cualquiera. El encuentro personal necesita confianza, apertura y acogida mutuas. El encuentro personal comienza con la familia, después con maestros y profesores, con amigos, compañeros de trabajo, de grupos o asociaciones, parroquia… Los encuentros son necesarios y todo encuentro enriquece y cambia a la persona, aunque sea un encuentro desagradable, porque el encuentro personal afecta a lo más íntimo de la persona. Por eso, después de un encuentro, soy distinto de como era antes.

JUZGAR:

En el Evangelio hemos escuchado el encuentro que Jesús tuvo con Zaqueo. Había mucha gente contemplando el paso de Jesús por Jericó, pero sólo Zaqueo se encontró personalmente con Él. Este encuentro se produjo porque se dio esa apertura y acogida mutuas necesarias para ello. Primero, Zaqueo tenía verdadero interés en distinguir quién era Jesús, y por eso aunque la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura… se subió a una higuera, para verlo. Aunque era jefe de publicanos y rico, el deseo de Zaqueo por ver a Jesús era más fuerte que el miedo al ridículo o al qué dirán.

Pero sobre todo, el encuentro se produjo porque Jesús, levantó los ojos y dijo: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. El hecho de verse llamado personalmente por Jesús y constatar que Jesús también deseaba encontrarse con él tuvo como consecuencia que Zaqueo bajó en seguida, y lo recibió muy contento, y se produjo el encuentro personal entre ambos.

También el Señor pasa por nuestra vida, y a veces no distinguimos su presencia, no nos encontramos personalmente con Él. En estos casos, podemos quedarnos quietos, resignados por la “baja estatura” de nuestra fe; o podemos, como Zaqueo, desear subirnos a alguna “higuera” para verlo mejor: participar en alguna oración, charla o retiro, formar parte de algún Equipo de Vida… Esto ya sería un buen comienzo, pero aún falta algo para el encuentro personal con el Señor.

Lo anterior debe servirme para darme cuenta de que Jesús también me llama por mi nombre, como hizo con Zaqueo. Para encontrarme con el Señor, debo convencerme de que Él también desea encontrarse personalmente conmigo, “alojarse en mi casa”. La fe cristiana no es sólo una doctrina, o un conjunto de normas morales. La fe cristiana es ante todo un encuentro personal con Jesucristo. Como dijo el Papa Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus caritas est, n. 1).

Al encontrarse con el Señor, Zaqueo dio una nueva orientación a su vida: la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Nuestro encuentro con el Señor ha de notarse y concretarse en lo que pensamos, decimos o hacemos, en nuestra manera de relacionarnos, de amar, trabajar, divertirnos… Individualmente y como Iglesia, es urgente favorecer el encuentro con el Señor, como base y fundamento de la necesaria conversión pastoral y misionera de nuestra Iglesia diocesana, de sus miembros y comunidades parroquiales.

ACTUAR:

¿Qué encuentros personales he tenido que han sido significativos en mi vida? ¿Qué hago para encontrarme con el Señor? ¿Tengo miedo al ridículo o al qué dirán? ¿Recuerdo algún encuentro personal con el Señor? ¿Cómo cambió mi vida? ¿Mi parroquia favorece el encuentro con el Señor?

El encuentro personal con el Señor no es un episodio puntual de la vida cristiana; debe ser buscado, renovado y profundizado en la oración, en la celebración y recepción de los Sacramentos, en la escucha orante de la Palabra de Dios, en la formación cristiana, en la comunidad parroquial…

Como dice el Papa Francisco en “Evangelii gaudium” 3: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él. Al que arriesga, el Señor no lo defrauda y, cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos”.

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