Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía I de Adviento-A

Tiempo «esperanzante»

I Adviento A 19

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Hay palabras o expresiones que, en un momento dado, se ponen de moda y son muy utilizadas. Una de estas palabras es “ilusionante”, que suele emplearse para hablar de un “proyecto ilusionante”, un “tiempo ilusionante”, una “fecha ilusionante…” No me gusta esta palabra: primero, porque una “ilusión” es algo que carece de fundamento real. Y segundo, porque aunque se puede tomar en un sentido positivo, como un sentimiento de anticipación de algo que genera entusiasmo y alegría, precisamente por eso la ilusión se limita a un hecho o acontecimiento concreto, y una vez alcanzado éste, se pierde la ilusión. Además, si por cualquier motivo ese hecho o acontecimiento no llega a producirse, la ilusión se rompe y nos quedamos “des-ilusionados”.

JUZGAR:

Hoy comenzamos el tiempo de Adviento, un camino de preparación que nos debe llevar a vivir la Navidad. Y con la cercanía de la Navidad también se habla mucho de “ilusión”: la decoración de las calles y comercios crea un ambiente de “ilusión”; a los niños les hace ilusión la llegada de los Reyes Magos; a los adultos les puede hacer ilusión encontrarse con la familia o amigos…

Pero esta “ilusión”, para muchos, es algo ficticio, irreal: la situación económica de la mayoría de las personas no permite hacer realidad esa “ilusión” del consumo; la situación familiar de muchos tampoco permite hacer realidad esa “ilusión” de reencuentros familiares; y quizá los Reyes Magos no van a poder traernos ese regalo que tanta “ilusión” nos hace. Y nos quedamos des-ilusionados.

Por eso, para nosotros, que queremos no sólo llamarnos sino ser de verdad cristianos, discípulos, apóstoles y santos, el tiempo de Adviento no ha de ser un tiempo “ilusionante”, sino “esperanzante”. El Adviento es, especialmente, un tiempo de esperanza, para vivir la esperanza.

El Papa Francisco dice: “la esperanza no es optimismo, no es esa capacidad de mirar las cosas con buen ánimo e ir adelante, y no es tampoco sencillamente una actitud positiva. Esto es algo bueno, pero no es la esperanza” (29 octubre 13).

La esperanza cristiana no es un sentimiento o un deseo de que “algo bueno ocurra”; si así fuera, correríamos el riesgo de que fuera “una ilusión” que la realidad se encargará de romper.

“La esperanza es una virtud arriesgada, una virtud, como dice san Pablo, de una ardiente espera hacia la revelación del Hijo de Dios. No es una ilusión. Es la que tenían los israelitas”, como hemos escuchado en la 1ª lectura: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor… De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.

Pero más aún, la esperanza cristiana tiene un nombre: Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, que murió en la Cruz y resucitó para nuestra salvación. La esperanza cristiana es “un encuentro, es encontrarse con el Señor; por eso es una virtud que nunca decepciona: si esperas, nunca te decepcionará” (23 octubre 18).

A ese encuentro estamos llamados. De ahí las palabras de San Pablo en la 2ª lectura: Daos cuenta del momento en que vivís… porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. No nos despistemos con cosas “ilusionantes”. Aprovechemos este tiempo “esperanzante” que es el Adviento, porque como nos ha dicho el Señor en el Evangelio: estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

ACTUAR:

¿Tengo clara la diferencia entre ilusión, optimismo y esperanza? ¿Sé en qué consiste la esperanza cristiana? ¿Qué significa para mí el tiempo de Adviento? ¿Espero el encuentro con el Señor?

Aprovechemos el Adviento, el tiempo “esperanzante”. El Papa Francisco utiliza la imagen de “la mujer embarazada, la mujer que está esperando un hijo. ¡Está alegre! Y todos los días se toca la barriga para acariciar a ese niño, espera al niño, vive esperando a ese niño. Esta imagen puede hacernos comprender qué es la esperanza: vivir para ese encuentro. Esa mujer imagina cómo serán los ojos del niño, cómo será la sonrisa, cómo será, rubio o moreno… pero imagina el encuentro con el niño. Esta imagen puede ayudarnos a entender qué es la esperanza y a preguntarnos: “¿Yo espero así, concretamente, o espero un poco difuso? La esperanza es concreta, es cotidiana porque es un encuentro. Y cada vez que nos encontramos con Jesús en la Eucaristía, en la oración, en el Evangelio, en los pobres, en la vida comunitaria, cada vez damos un paso más hacia este encuentro definitivo. De ahí la esperanza de que los cristianos tengan la sabiduría de saber cómo regocijarse en los pequeños encuentros de la vida con Jesús, preparándose para esa reunión definitiva” (23 octubre 18). Ésta es la llamada, éste es el sentido y la razón de este tiempo “esperanzante” que es el Adviento.

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