Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía de la Inmaculada-A

En estado Puro

II Adv Inmaculada A

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VER:

A menudo utilizamos una misma palabra en diferentes contextos, y en cada ocasión esa palabra adquiere un significado más enriquecedor que el inmediato. Una de esas palabras es “puro, pura, pureza…” que significa que algo está limpio, no contaminado, o que mantiene su esencia original sin que se le haya mezclado otra cosa. Pero enriqueciendo este sentido, si aplicamos esta palabra al ser humano, la entendemos en sentido moral, como exento de malicia o pecado; o como sinónimo de virginidad; o cuando alguien se comporta sin reparos según su carácter y principios, decimos que es “fulanito en estado puro”. Si aplicamos esta palabra a otros ámbitos, de un agua cristalina decimos que es “pura”, o que un alimento es “puro sabor”; o un espectáculo es “pura delicia”; o de un paisaje que no ha sufrido la acción humana decimos que es naturaleza “en estado puro”.

JUZGAR:

En medio del tiempo de Adviento, hoy estamos celebrando la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Hoy estamos celebrando la pureza de María, que fue preservada de todo pecado desde su concepción, “para que”, como diremos en el Prefacio, “fuese digna Madre de tu Hijo y comienzo e imagen de la Iglesia”. Y diremos también: “Purísima había de ser la Virgen que nos diera el Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que es abogada de gracia y ejemplo de santidad”.

Y aunque el sentido primero nos lleve al plano moral y hoy celebremos a María exenta de pecado, esta Solemnidad es una invitación a enriquecer este sentido primero y contemplar a María “en estado puro” desde diferentes perspectivas.

Ella es “pura criatura”, porque es expresión de la humanidad tal como la quiso y la quiere Dios, antes de que, como hemos escuchado en el relato simbólico de la 1ª lectura, provocásemos con el mal uso de nuestra libertad que nuestro pecado contaminase la pureza original de la imagen de Dios con la que cada uno hemos sido creados.

María es “pura fe” porque, como hemos escuchado en el Evangelio, acoge el plan de Dios que le comunica el Ángel y, aunque éste no le aclara cómo será eso, María no deja que las dudas se mezclen con la pureza de su fe.

María también es “pura disponibilidad”, porque contestó: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra, sin dejar que la conciencia de su pequeñez entorpeciese o anulase su respuesta a Dios.

María es “pura esperanza” porque cuando el ángel se retiró y tuvo que empezar a vivir el Plan que Dios había pensado para Ella, mantuvo su fidelidad sin dejar que el miedo contaminase la pureza de su certeza de estar en todo momento en las manos de Dios.

ACTUAR:

Contemplar a María “en estado puro” es no sólo un motivo de alegría, sino también una llamada a cada uno de nosotros a ser lo más posible “cristianos en estado puro”, como Ella lo fue:

Podemos ser “puras criaturas” y limpiar la imagen de Dios en nosotros recibiendo el perdón de nuestros pecados mediante el Sacramento de la Reconciliación.

Podemos ser “pura fe” aprovechando las oportunidades de formación y los Equipos de Vida para despejar las dudas que pueden surgirnos al tratar de iluminar la vida con la fe.

Podemos ser “pura disponibilidad”, sin poner excusas propias o ajenas a las propuestas que se nos hacen para ser corresponsables en la misión evangelizadora de la Iglesia.

Podemos ser “pura esperanza” en medio de los avatares de la vida y del mundo, incluso “contra toda esperanza”, si meditamos todas estas cosas en nuestro corazón, como María, y si vivimos la Eucaristía como encuentro con el Señor Resucitado, para sabernos en todo momento en las manos de Dios Padre, acompañados de su Hijo y guiados por el Espíritu Santo.

En la 2ª lectura, propia del segundo domingo de Adviento, hemos escuchado: Todas las antiguas escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Las Escrituras no son simples “textos”: son Palabra de Dios, la misma Palabra de la que María se fio. Pidámosle que interceda por nosotros para decir también a Dios: hágase en mí según tu palabra, y ser cada vez más cristianos “en estado puro” como Ella lo fue.

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