Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía IV de Adviento-A

Más de lo que podemos concebir

IV Adviento A 19

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La palabra “concebir” tiene como primer significado que una mujer empieza a gestar un hijo en su útero; pero también significa hacernos una idea, comprender algo o encontrarle justificación. A veces nos vemos confrontados a cosas, situaciones, experiencias… de las que decimos que “no las podemos concebir”, porque nos resultan increíbles, totalmente inesperadas, más allá de lo que nosotros somos capaces de pensar o imaginar. Pero aunque no las podamos concebir, eso no significa que esas cosas, situaciones, experiencias… no sean reales y ciertas.

JUZGAR:

Este domingo IV de Adviento, ya a las puertas de la Navidad, nos recuerda que Dios está más allá de lo que nosotros podemos concebir, que supera infinitamente todas nuestras expectativas.

En la 1ª lectura hemos escuchado que el rey Acaz no ha querido pedir una señal al Señor, aparentemente por humildad y respeto. Pero en realidad el rey Acaz no había querido formar parte con otros reyes de una coalición contra Asiria, porque no se fía de la victoria ante un enemigo tan poderoso, a pesar de que Dios se lo había prometido por boca del profeta. Acaz no concibe que Asiria pueda ser derrotada y prefiere someterse al rey asirio. Ahora, cuando de nuevo el profeta le dice que pida una señal, Acaz sigue sin fiarse de Dios y disfraza su desconfianza con una respuesta aparentemente piadosa, porque Acaz no puede concebir que Dios vaya a cumplir su promesa.

Sin embargo, el Señor supera todo lo que Acaz pueda imaginar y por su cuenta os dará una señal: la virgen está encinta y da a luz un hijo y le pone por nombre Emmanuel (que significa Dios-con-nosotros).

Y en el Evangelio hemos escuchado el cumplimiento de esta promesa: La madre de Jesús estaba desposada con José, y antes de vivir juntos resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo. Pero hay un “problema”: María está desposada con José, y esto significa que, según la ley judía, el contrato de matrimonio era firme, aunque no se hubiera consumado. Es muy probable que María hubiera puesto a José al corriente de la visita del Ángel, y por eso la duda de José no sería acerca de la culpabilidad o inocencia de María en una aparente infidelidad; la duda sería sobre la función que él tendría que jugar en todo aquello. José se siente sobrepasado por las circunstancias, no puede concebir que Dios vaya a contar con él para cumplir su promesa, y como tampoco quiere que María sea considerada una adúltera, como era bueno… decidió repudiarla en secreto.

Pero Dios, de nuevo, supera infinitamente lo que José, o cualquiera de nosotros, podemos concebir: no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Ningún ser humano podría concebir lo que hemos escuchado en la 2ª lectura: que el Evangelio de Dios, la Buena Noticia de Dios, se refiere a su Hijo, nacido, según lo humano, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Dios actúa “como Dios”, y hemos de aprender a dejar “que Dios sea Dios” (S. Francisco de Asís). Y entonces, como José, que hizo lo que le había mandado el ángel del Señor, venceremos nuestros reparos y temores ante las señales de Dios; y sentiremos que Él realmente cuenta con nosotros para llevar adelante su Plan, por inverosímil que nos pueda parecer.

ACTUAR:

¿En qué ocasiones digo de algo que “esto no lo puedo concebir”? ¿Qué aspectos referentes a la fe cristiana “no puedo concebir”? ¿Reacciono con incredulidad, o me desentiendo, o dejo que “Dios sea Dios”? ¿Me siento llamado, como José, a colaborar en el Plan de Dios, o como esto “no lo puedo concebir”, decido también repudiar esa llamada?

En el camino de fe hay momentos y circunstancias que superan nuestro sentido común y nuestra lógica, y como no lo podemos concebir, nos entra la duda. Estamos a punto de celebrar la Navidad, la “señal” de que Dios supera infinitamente todas nuestras expectativas. Ante este Misterio que no podemos concebir, tengamos presentes estas palabras del libro “Sabiduría de un pobre”, de Eloi Leclerc, que el autor pone en boca de San Francisco de Asís: “El hombre que adora a Dios reconoce que no hay otro Todopoderoso más que Él solo. Lo reconoce y lo acepta. Profundamente, cordialmente. Se goza en que Dios sea Dios. Dios es: eso le basta. Y esto le hace libre”.

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