Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía de Navidad-A

Lo inconcebible

Navidad

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El domingo pasado, cuarto de Adviento, a punto de celebrar la Navidad, hablábamos de cosas, situaciones, experiencias… de las que decimos que “no las podemos concebir”, porque nos resultan increíbles, totalmente inesperadas, más allá de lo que nosotros somos capaces de pensar o imaginar. Y decíamos que, aunque no las podamos concebir, eso no significa que esas cosas, situaciones, experiencias… no sean reales y ciertas. De hecho, ante determinados acontecimientos decimos que “ha sucedido lo inconcebible”.

JUZGAR:

Precisamente esta noche/hoy estamos celebrando que ha ocurrido “lo inconcebible”, y la Palabra de Dios de las diferentes Eucaristías nos lo anuncia:

Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos (2ª lectura medianoche).

Hoy os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor (antífona del salmo y Evangelio medianoche).

Ha aparecido la Bondad de Dios y su Amor al hombre (2ª lectura aurora).

La Palabra era Dios (…) y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros (Evangelio del día).

Estamos celebrando algo inconcebible, algo que supera nuestra lógica: Dios viene a nuestro encuentro. Ya había ido manifestándose a lo largo de la Historia, comunicándose en la medida en que el ser humano podía y quería asimilar esa revelación: En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas (2ª lectura del día). Pero debido a nuestras limitaciones, Dios mismo ha tomado la decisión de venir a nosotros para que podamos encontrarnos con Él: Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo (2ª lectura del día).

La Navidad es el comienzo de la mayor demostración del Amor por parte de Dios hacia nosotros, y que culminará con la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Pero lo inconcebible todavía no ha terminado; hoy estamos celebrando que esa venida de Dios a nuestro encuentro se ha producido de un modo inimaginable: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (Evangelio medianoche). Como dice el Papa Francisco en su carta “Admirabile signum” sobre el significado y el valor del Belén: “Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos” (8). Quizá podríamos haber llegado a imaginar que Dios venga a nuestro encuentro, pero nunca de este modo: en su propio Hijo hecho hombre. La Navidad es “lo inconcebible”, no es algo inventado, porque nosotros nunca hubiéramos podido concebir algo semejante.

Y la Navidad es una llamada; una llamada que, también de un modo inconcebible, se dirige no a los famosos, poderosos, importantes… sino a los pobres y humildes, representados en los pastores, que cuando los ángeles los dejaron, se decían unos a otros: Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado (Evangelio de la aurora). Dice el Papa: “A diferencia de tanta gente que pretende hacer otras mil cosas, los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece. A Dios que viene a nuestro encuentro en el Niño Jesús, los pastores responden poniéndose en camino hacia Él” (5). Nosotros, aunque la mayoría somos gente sencilla, en estos días también tenemos mil cosas que atender: compromisos familiares, compras, actividades lúdicas… Pero que todo eso no nos despiste de lo esencial: que Dios ha venido una vez más a nuestro encuentro. Aprendamos de los pastores: “La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él” (1).

ACTUAR:

No nos “acostumbremos” a la Navidad, celebrémosla con sorpresa, con humildad y alegría como “lo inconcebible” pero totalmente real y cierto, porque el modo de actuar de Dios casi aturde, porque parece imposible que Él renuncie a su gloria para hacerse hombre como nosotros. Qué sorpresa ver a Dios que asume nuestros propios comportamientos: duerme, toma la leche de su madre, llora y juega como todos los niños. Como siempre, Dios desconcierta, es impredecible, continuamente va más allá de nuestros esquemas. Así, pues, el pesebre, mientras nos muestra a Dios tal y como ha venido al mundo, nos invita a pensar en nuestra vida injertada en la de Dios; nos invita a ser discípulos suyos si queremos alcanzar el sentido último de la vida” (8).

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