Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Sagrada Familia-A

El álbum familiar

Sagrada familia

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VER:

Antes de que se implantara la fotografía digital, era muy común que en cada familia hubiera una colección de fotografías. Algunos simplemente las guardaban en una caja, pero los más cuidadosos las organizaban en álbumes en los que, cronológicamente, se ponían las fotografías de los acontecimientos más relevantes de la familia: nacimientos, bautizos, bodas, viajes, celebraciones y reuniones familiares, fiestas… Hojear el álbum de fotos familiar permitía hacer un recorrido por la historia de esa familia y conocer a sus miembros a través de sus acontecimientos más relevantes.

JUZGAR:

Dentro del tiempo de Navidad, hoy estamos celebrando la fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José. Y para acercarnos a ellos y conocerles mejor, vamos a imaginar que cogemos su “álbum de fotos familiar” y empezamos a hojearlo para hacer un recorrido cronológico de su historia.

En las primeras páginas encontraríamos seguramente los desposorios de María y José. A medida que fuéramos pasando hojas, veríamos su viaje desde Nazaret a Belén, el nacimiento de Jesús en el pesebre, la visita de los pastores, la presentación de Jesús en el templo, la adoración de los Magos, la huida a Egipto, y su posterior regreso y establecimiento en Nazaret, como hemos escuchado en el Evangelio de este domingo, y el episodio del viaje a Jerusalén cuando Jesús tenía doce años y se quedó en el templo sin que lo supieran sus padres.

Y a partir de ahí, en ese “álbum de fotos” de la Sagrada Familia, nos encontraríamos con un montón de hojas en blanco, sin ninguna “fotografía” que reflejase algún acontecimiento, hasta que volveríamos a encontrar a Jesús, que tenía unos treinta años (Lc 3, 23), siendo bautizado en el Jordán.

¿Qué ha ocurrido durante esos años “en blanco”? ¿Es que no pasó nada relevante en esa Familia? Todo lo contrario: El Hijo de Dios hecho hombre quiso hacer suyo nuestro crecimiento humano, físico y espiritual, en el seno de su Familia. Aunque no encontremos acontecimientos relevantes, que merezcan ser “fotografiados”, Jesús crecía en su maduración humana, en los afectos familiares, y en la preparación de su misión. Y María desempeñó, junto con José, un papel insustituible. Jesús fue educado, aprendió a orar y a frecuentar la sinagoga, creció, recibió y dio amor, trabajó, adquirió unos valores en el ambiente ordinario de una familia común de su tiempo y lugar. José, al enseñarle el duro trabajo de carpintero, permitió a Jesús insertarse en el mundo del trabajo y en la vida social.

Por tanto, esas páginas aparentemente “vacías” del álbum de fotos de la Sagrada Familia, en realidad están llenas de vivencias y experiencias que por ser cotidianas y “normales” no dejan de ser muy importantes. Y por eso, aunque no “haya fotos”, y no podamos satisfacer nuestra curiosidad acerca de lo ocurrido durante esos años, lo vivido por Jesús en su Familia durante ese período sustenta todo lo que posteriormente será su vida pública y su anuncio del Evangelio.

ACTUAR:

La mayoría de nosotros hemos recibido de una familia la vida, el amor y la educación en la fe, como la tuvo Jesús. Y en nuestro “álbum de fotos familiar” encontraremos también episodios de todo tipo, unos más alegres y otros más duros, dolorosos, quizá no del mismo tipo que los que vivieron José, María y Jesús. Pero contemplando a la Sagrada Familia y su modo de afrontar con y desde la fe esos acontecimientos, aprendemos a descubrir la presencia de Dios en nuestra historia.

En la oración colecta hemos pedido “que, imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo”.

Hojear el “álbum de fotos” de la Sagrada Familia y, sobre todo, contemplar los años “sin fotografías” y la riqueza que encierran, nos debe mover a valorar y aprovechar mucho más nuestra “vida oculta”, esa cotidianidad familiar que constituye la mayor parte de nuestro tiempo, esos periodos en la que no hay hechos relevantes pero que no por eso son un tiempo “muerto”, sino una oportunidad para crecer, madurar, y afianzarnos en la fe y en el amor, aprendiendo a llevar a la práctica, en las cosas diarias, lo que San Pablo decía a los Colosenses: sea vuestro uniforme la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro… Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús.

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