Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Santa María, Madre de Dios-A

Paz desde la reconciliación

Madre de Dios

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VER:

Las madres sufren cuando entre sus hijos hay disputas, riñas, divisiones… y no suelen escatimar esfuerzos para que se reconcilien, aun a riesgo de pecar de insistentes. En estos días de Navidad, en los que se dan tantas reuniones familiares, a muchas madres les preocupan esas desavenencias y se esfuerzan para que, al estar con sus hijos e hijas en torno a ella, se vayan limando asperezas.

JUZGAR:

Hoy, primer día del año, estamos celebrando la fiesta más antigua en honor de la Virgen en la liturgia romana: “María, Madre de Dios”, la fiesta que da sentido a las demás fiestas y advocaciones que damos a la Virgen María. Lo hemos escuchado en la 2ª lectura: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer… Gracias a la maternidad de María, hemos recibido al Hijo, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Y si somos hijos de Dios, María es también nuestra Madre.

Una Madre que sufre al ver las divisiones y enfrentamientos que hay entre nosotros, tanto a nivel más familiar como a nivel nacional e internacional. Por eso en este primer día del año se celebra también la Jornada Mundial de la Paz, y el Papa Francisco ha escrito su mensaje con el lema: “La paz, camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica”.

Para que este mensaje no quede en algo que es “sólo para los grandes conflictos”, sino en una llamada para nosotros al inicio del nuevo año, podemos aplicarlo a nuestra realidad más cercana.

“Nuestra comunidad humana lleva, en la memoria y en la carne, los signos de las guerras y de los conflictos que se han producido”. ¿Qué “guerras y conflictos” con familiares, amigos… guardo en la memoria? ¿Cómo me han afectado? ¿Los sigo manteniendo y sintiendo “vivos”?

“Sabemos que la guerra a menudo comienza por la intolerancia a la diversidad del otro, lo que fomenta el deseo de posesión y la voluntad de dominio. Nace en el corazón del hombre por el egoísmo y la soberbia” ¿Recuerdo cuál fue el comienzo de esos conflictos y desavenencias? ¿Qué parte de responsabilidad tuve o tengo en ellos?

“No podemos pretender que se mantenga la estabilidad en el mundo a través del miedo a la aniquilación, en un equilibrio altamente inestable”. En situaciones de conflicto, sobre todo familiares, a menudo preferimos no encontrarnos con los otros, y no acudir a las reuniones, porque “para acabar riñendo…” Tememos que, si estamos juntos, todo “explote” y se rompa definitivamente la relación. Y a menudo las madres tienen que hacer verdaderos equilibrios para evitar que eso ocurra.

Pero si de verdad queremos ser cristianos, hijos e hijas de Dios, si de verdad consideramos a María la Madre de Dios y Madre nuestra, no podemos conformarnos con un “equilibrio inestable”, o con mantener las distancias para que no haya discusiones ni rupturas. Nos tenemos que plantear la pregunta: “¿cómo construir un camino de paz y reconocimiento mutuo?”.

El Papa lo dice con claridad y validez para todos: “Se trata de abandonar el deseo de dominar a los demás y aprender a verse como personas, como hijos de Dios, como hermanos. Nunca se debe encasillar al otro por lo que pudo decir o hacer, sino que debe ser considerado por la promesa que lleva dentro de él. Sólo eligiendo el camino del respeto será posible romper la espiral de venganza y emprender el camino de la esperanza”.

ACTUAR:

Y para avanzar por este camino, el Papa propone “inspirarnos en el amor de Dios por cada uno de nosotros, un amor liberador, ilimitado, gratuito e incansable”, y que se manifiesta especialmente en este tiempo de Navidad, cuando contemplamos a su Hijo hecho hombre, porque “en nuestra experiencia cristiana, recordamos constantemente a Cristo, quien dio su vida por nuestra reconciliación”. En Cristo, “la gracia de Dios Padre se da como amor sin condiciones y, habiendo recibido su perdón, podemos ponernos en camino para ofrecerlo”.

Sabiéndonos reconciliados con Dios por Cristo, “se trata de creer en la posibilidad de la paz, de creer que el otro tiene nuestra misma necesidad de paz”, y no rehuir el encuentro, porque “la cultura del encuentro entre hermanos y hermanas… hace que cada encuentro sea una posibilidad y un don del generoso amor de Dios”.

A cada uno nos corresponde concretar en nuestra realidad estas indicaciones generales del Papa: “el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente”. Pero no olvidemos que “día tras día, el Espíritu Santo nos sugiere actitudes y palabras para que nos convirtamos en artesanos de la justicia y la paz. Que el Dios de la paz nos bendiga y venga en nuestra ayuda. Que María, Madre del Príncipe de la paz y Madre de todos los pueblos de la tierra, Madre nuestra, nos acompañe y nos sostenga en el camino de la reconciliación, paso a paso”.

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