Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Epifanía-A

Vaya manifestación…

Epifania 1

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VER:

Cuando se convoca una manifestación, se procura divulgar ampliamente la convocatoria mediante publicidad, redes sociales, etc.. Se busca que la manifestación discurra por las principales calles y avenidas de la ciudad, se piden los permisos para cortar el tráfico, se preparan pancartas, banderas, folletos, insignias… todo para que la manifestación resulte un éxito en cuanto a participantes. Pero al pasar un día por una de las plazas céntricas de mi ciudad, había un pequeño grupo de personas manifestándose, no más de diez, de pie, tras una sencilla pancarta. Más allá de lo que reivindicasen, el primer sentimiento fue de ironía: “Vaya manifestación…”; pero después no pude menos que admirarme de su determinación: aunque eran pocos, allí estaban manifestándose, en medio de la indiferencia general o, como mucho, de una rápida mirada por parte de la gente que pasaba. Y creo que por eso me acuerdo aún de esta manifestación, y no de otras mucho más multitudinarias.

JUZGAR:

Hoy estamos celebrando la fiesta de la Epifanía, palabra que significa “manifestación”, porque hoy celebramos la fiesta de la revelación, de la manifestación del Señor a todos los pueblos. Nosotros hemos convertido esta fiesta en algo espectacular, con grandes cabalgatas, pero “la Epifanía” original, a la que nosotros debemos mirar como discípulos-apóstoles-santos, fue algo muy distinto.

La convocatoria fue algo muy sencillo: una estrella. Algo que muchos ven, pero pocos responden, sólo unos Magos de Oriente (tres, según la tradición): hemos visto salir su estrella

El “organizador” fue nada menos que el Rey de los judíos. Cabría esperar que la manifestación tuviera lugar en un entorno adecuado, en una gran ciudad como Jerusalén, por lo menos. Sin embargo, el lugar de concentración no fue en Jerusalén, sino en Belén, la última de las ciudades de Judá. Y ni siquiera en la plaza principal, sino en una casa.

Y tampoco en la casa se había reunido un importante número de personas que dieran renombre a la manifestación: Entraron en la casa, vieron al Niño con María, su madre

Desde un punto de vista “humano”, pensaríamos con ironía: “Vaya manifestación…” Pero la fiesta de hoy es una llamada a profundizar más en el significado de lo que estamos celebrando, ayudándonos de la carta del Papa Francisco sobre el significado del Belén.

La “convocatoria” fue una estrella: ¿Tengo la mirada y el corazón abiertos, para descubrir las estrellas que hoy indican dónde se está manifestando Dios, dónde descubrir la presencia de Dios?

“Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones”. ¿Qué hago para conocer a Jesús? ¿Participo en un Equipo de Vida, sigo una formación cristiana que me lleve al encuentro con Él? ¿Qué le estoy ofreciendo?

Cuando entraron en la casa, vieron al Niño con María, su madre: “Y una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo”. ¿Me alegro por ser cristiano, por poder encontrarme con Jesús? ¿Me “escandaliza”, me echa atrás la “pobreza” del ambiente que en general vivimos en nuestras parroquias, en la Iglesia? ¿Practico la adoración?

Los Magos descubren en esa mujer y su hijo que “Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos”. ¿Me creo y acepto que Dios se manifiesta sobre todo en la debilidad y en la fragilidad, en lo que nosotros despreciamos? ¿Soy consciente de que precisamente en esas situaciones es cuando Dios me está tendiendo los brazos para que yo lo acoja?

ACTUAR:

“Como siempre, Dios desconcierta, es impredecible, continuamente va más allá de nuestros esquemas. El modo de actuar de Dios casi aturde, porque parece imposible que Él renuncie a su gloria para hacerse hombre como nosotros”. El tiempo de las grandes manifestaciones de la Iglesia ya ha pasado. Y no debemos empeñarnos en volver a “glorias pasadas”. La fiesta de la Epifanía es una llamada para recuperar con valentía esas otras manifestaciones, en la humildad, debilidad y pobreza de nuestra vida, de nuestra comunidad parroquial, de nuestra Asociación o Movimiento… unas manifestaciones nada multitudinarias pero que en su sencillez y coherencia resultan más significativas y anuncian mejor el Evangelio.

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