Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía V del TO-A

2ª persona plural presente indicativo

05 TO-A

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De vez en cuando no va mal repasar algo de lo que aprendimos en gramática, no sólo para utilizar bien las palabras, sino para comprender mejor el significado de lo que leemos o escuchamos. Y en el idioma español tenemos el “género”, que sirve para diferenciar el masculino y el femenino; el “número”, que diferencia entre singular y plural; la “persona”, que indica quién realiza lo indicado en el verbo, y hay 1ª persona, 2ª persona y 3ª persona. Y en los verbos, encontramos el “tiempo”, que puede ser presente, pasado o futuro; y el “modo”, que puede ser indicativo (para hablar de algo real o cierto), subjuntivo (para expresar un deseo, duda…) o imperativo (para expresar una orden).

JUZGAR:

Este rápido repaso a la gramática nos puede servir para profundizar mejor en lo que Jesús nos ha dicho en el Evangelio de hoy: Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo… Es algo que hemos escuchado muchas veces y, quizá por ello, nos vamos directamente al sentido espiritual de ser sal y luz, mientras que pasamos por alto las palabras que preceden, y que son las que complementan y completan lo que Jesús nos está indicando.

Jesús ha dicho: Vosotros sois. Desde la gramática, Él ha utilizado la segunda persona del plural del presente de indicativo del verbo ser. El verbo “ser” hace referencia a las características, incluso a la identidad de la persona. Y Jesús se está dirigiendo no a un individuo (singular) sino a un colectivo, a una pluralidad de personas, y por eso “vosotros” designa tanto a hombres como a mujeres; además, lo está expresando en tiempo presente: “sois”, no es algo que ocurrió en el pasado u ocurrirá en el futuro; y es un hecho cierto: “sois”, no es ni un deseo (seáis) ni un imperativo (sed).

Teniendo esto presente, podemos profundizar más en las palabras de Jesús:

Jesús está indicando una característica propia de quienes le siguen, algo que forma parte de su identidad: como “sal”, dan sabor, tienen algo que aportar; como “luz”, permiten percibir mejor la realidad y descubrir lo que quizá a simple vista no se ve.

Él se está dirigiendo a un colectivo formado por hombres y mujeres, no sólo a unas pocas personas determinadas. Ser sal y luz es algo que caracteriza a su Iglesia entera.

Y este ser sal y luz no es un deseo que Jesús tiene respecto a sus discípulos, como si dijera: “ojalá seáis sal y luz…”; ni tampoco es algo que ordena a sus seguidores: “Sed sal y luz”, algo que ellos tienen que esforzarse para alcanzar y cumplir.

Al decir “vosotros sois la sal… la luz…”, Jesús indica que es una realidad cierta, presente, que ya poseen ahora quienes forman su Iglesia; no tienen que esperar un tiempo futuro para llegar a serlo.

Y puesto que “somos sal y luz”, la Palabra de Dios también nos indica cómo realizar esta función. No se trata de “salar” en exceso ni de “deslumbrar”, como decía san Pablo en la 2ª lectura: no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría… mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana…

Ser sal y luz es algo más cotidiano, y por eso está al alcance de cualquier miembro de la Iglesia, como indicaba la 1ª lectura: Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo, no te cierres a tu propia carne… Todos encontramos ocasiones para ser así sal y luz.

Y sobre todo, somos sal y luz no para recibir nosotros alabanzas, sino para anunciar a Jesucristo, y éste crucificado, para que quienes reciben nuestra sal y nuestra luz no se apoyen en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios, para que den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

ACTUAR:

¿Profundizo en el significado de las palabras, o me quedo en una interpretación rápida y superficial? ¿Me siento “sal y luz”, o creo que eso es para otros, o algo que aún no puedo ser?

Jesús nos ha hablado en 2ª persona del plural del presente de indicativo: somos sal y luz. Con humildad y sencillez, ofrezcamos la sal y la luz de Cristo. Hoy Manos Unidas celebra su campaña anual, recordándonos que hay muchos hambrientos, pobres sin techo, desnudos… personas como nosotros, con la misma dignidad, y que necesitan nuestra ayuda. Para eso somos sal y luz.

No nos cerremos a nuestra propia carne, no caigamos en la indiferencia, no nos volvamos “sosos” ni ocultemos la luz de Cristo Resucitado, y así todos podremos dar gloria a nuestro Padre del cielo.

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