Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía IV de Pascua-A

Los nuevos pastores

04 Pascua-A

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En medio de todo el dolor y sufrimiento, y de las consecuencias negativas de todo tipo que la crisis del coronavirus ha acarreado, hemos podido descubrir muchos gestos de solidaridad, de servicio, de entrega y de sacrificio, que a varias de estas personas les ha costado la propia vida. Unos gestos que constituyen lo único positivo que podemos extraer de las actuales circunstancias, y que, en diferentes grados, han sido llevados a cabo por personas de todo tipo, tanto por personas en sus respectivos lugares de trabajo como por personas anónimas que, en sus poblaciones o comunidades de vecinos, han estado atendiendo y cuidando a los demás.

JUZGAR:

En este Domingo de Pascua celebramos a Cristo Resucitado como el Buen Pastor, que ha dado su vida por las ovejas. Y en el Evangelio de este Domingo, siguiendo con este ejemplo, Jesús ha dicho: Yo soy la puerta de las ovejas… Quien entre por mí se salvará. Jesús, con su vida, sus palabras y sus obras, nos permite el acceso a la salvación. Y entrar por la puerta que es Jesús es unirnos a Él de tal modo que sus palabras, sus criterios, sus valores… pasen a ser los nuestros.

Pero también ha dicho: el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. Entrar por la puerta que es Jesús no es sólo para nuestra propia santificación, para “salvarnos” nosotros; es para convertirnos en nuevos “pastores”, que sigan haciendo las obras de Jesús en favor de las ovejas de hoy. Y esto no es algo inalcanzable porque, como hemos visto durante esta crisis, muchas personas han “entrado por la puerta” que es Jesús y se han convertido en los “nuevos pastores”, sin darse cuenta de ello.

El Papa Francisco lo indicó en la oración del pasado 27 de marzo: “podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo”.

Estos nuevos pastores viven lo que decía San Pedro en la 2ª lectura: Si obrando el bien soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios. No se trata de poner el acento en el sufrimiento como si fuera algo positivo en sí mismo, sino de aceptarlo y padecerlo pero como algo necesario para poder alcanzar el bien, y en ese bien deseado y buscado es donde se pone la mirada y hacia donde se dirigen los esfuerzos. Y han sido y son muchos los que, actuando así aunque no hayan sido conscientes de ello, han hecho una cosa hermosa ante Dios, y son una invitación para todos a seguir ese camino. Como dijo el Papa recientemente: “Les admiro, me enseñan cómo comprometerse y les agradezco el testimonio. Muchos no son creyentes, otros son agnósticos o llevan una vida de fe a su manera, pero en el testimonio ves su capacidad de jugarse por el otro, aunque entre ellos haya muertos” (22-3- 2020 “Lo de Évole”).

ACTUAR:

En la 1ª lectura hemos escuchado que a la gente las palabras de Pedro les traspasaron el corazón, y preguntaron… ¿Qué tenemos que hacer, hermanos? Los ejemplos de entrega y sacrificio de estos días también nos traspasan el corazón, y hacen surgir esa misma pregunta: ¿Qué tenemos que hacer, para que todo eso no resulte infructuoso, para ser también “nuevos pastores”?

Y la respuesta es la que nos ha dado el Señor: Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará. Individualmente y como Iglesia, este Domingo del Buen Pastor es una llamada “entrar por la puerta que es Cristo”, a unirnos más a Él para ser los nuevos pastores que sigan ofreciendo la salvación de Dios. Las concreciones serán múltiples, pero el denominador común es el que el Papa indicó: “es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza” (27 de marzo de 2020).

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