Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía VI de Pascua-A

Bajo el aliento del Espíritu

06 Pascua-A

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Una de las grandes preocupaciones de la crisis del coronavirus, además de la atención a los enfermos y de prevenir nuevos contagios, está siendo la de afrontar cómo será la vuelta a la normalidad, qué pasos habrá que ir dando, cómo ayudar a quienes más sufren los efectos de la crisis económica… Aunque las autoridades políticas y sanitarias nos den indicaciones, la perspectiva de un futuro sombrío nos hace sentir, lógicamente, inseguridad y temor porque no sabemos bien cómo actuar y si vamos a saber reaccionar ante la nueva situación, y corremos el riesgo de quedarnos paralizados, dejándonos llevar, casi arrastrar, por los acontecimientos.

JUZGAR:

Ese peligro de quedar paralizados también rondaba a los discípulos después de la Resurrección de Jesús. Jesús les había dicho: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo (Domingo II de Pascua). Pero ¿qué hacer, cómo actuar, hacia dónde dirigirse…? Además, ¿quiénes eran ellos para llevar adelante una misión de tal envergadura? Jesús era su Maestro, pero ahora ya no estaba con ellos, y también podían sentir inseguridad y temor.

Para que no se quedaran ni nos quedemos paralizados, Jesús hoy nos dice, como un eco del anuncio de la Resurrección: No os dejaré desamparados… viviréis, porque yo sigo viviendo. No se nos tiene que olvidar que Cristo Vive. Y para hacernos vivir, nos ha prometido: Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad.

Frente al temor paralizante, igual que los discípulos también nosotros hemos recibido el mismo Espíritu de Dios. No está en nuestra mano tomar las grandes decisiones que se requieren y desarrollar complejos proyectos, pero sí que somos enviados por el Señor a los demás, en estos momentos tan difíciles, para dar razón de nuestra esperanza (2ª lectura) en Cristo Resucitado.

Y precisamente por nuestra pequeñez y limitaciones el Espíritu viene a nosotros para que sepamos qué hacer y cómo, porque como dijo el Papa San Pablo VI en “Evangelii nuntiandi”, en el apartado «Bajo el aliento del Espíritu»: “Él es el alma de la Iglesia. Él es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio. Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar”. (75)

Más aún: en la 1ª lectura hemos visto qué fue lo primero que hicieron Pedro y Juan cuando llegaron a Samaría: oraron por los fieles para que recibieran el Espíritu Santo, porque Él “predispone también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anunciado”. (75)

Ante la compleja situación en la que nos encontramos y la urgencia de algunas situaciones, pensamos rápidamente en qué hacer, cómo, dónde… buscamos soluciones que den resultado cuanto antes. Pero nuestra primera acción como discípulos misioneros, para que nuestras obras den razón de nuestra esperanza, ha de ser orar para que nuestro mundo, que tan a menudo no lo ve ni lo conoce, reciba el Espíritu Santo. Esto es lo principal, antes que cualquier otra acción, porque “Las técnicas de evangelización son buenas pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolutamente nada sin Él. Sin Él, la dialéctica más convincente es impotente sobre el espíritu de los hombres. Sin Él, los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas se revelan pronto desprovistos de todo valor (…) A través de él, la evangelización penetra en los corazones, ya que él es quien hace discernir los signos de los tiempos -signos de Dios- en el interior de la historia”. (75)

ACTUAR:

¿Cómo estoy reaccionando en este momento de la crisis del coronavirus? ¿Me siento paralizado, sin saber muy bien qué hacer, cómo…? ¿Me siento llamado y enviado a dar razón de mi esperanza en Cristo Resucitado? ¿Tengo presente al Espíritu Santo en mi oración? ¿Pido que otros lo reciban?

Las circunstancias actuales, con toda su dureza, pueden ser una oportunidad para dar razón de nuestra esperanza, con palabras y con obras. Y por eso, necesitamos invocar al Espíritu Santo y orar para que nuestro mundo lo reciba. Ésta es hoy nuestra primera tarea como discípulos misioneros, porque como nos dice el Papa Francisco: “El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos. Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria. Aprendamos a descansar en la ternura de los brazos del Padre en medio de la entrega creativa y generosa. Sigamos adelante, démoslo todo, pero dejemos que sea Él quien haga fecundos nuestros esfuerzos como a Él le parezca“. (EG 279)

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