Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XIV del TO-A

Descansar trabajando

14 TO-A

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La gran mayoría de nosotros, en los últimos meses, hemos sentido cansancio y agobio. Por supuesto, quienes desde distintos ámbitos han estado y continúan estando en primera línea de lucha y trabajo contra el coronavirus y sus consecuencias. Pero también quienes formamos el conjunto de la población, sobre todo con el transcurrir de las semanas, hemos sentido cansancio y agobio en diferentes grados al tener que afrontar cada día con sus dificultades, preocupaciones… Muchos, en algún momento, aunque no lo hayamos expresado públicamente, hemos deseado encontrar un “refugio” donde poder sentirnos seguros, “a salvo” y poder descansar, pero la realidad nos muestra que ese refugio no lo vamos a encontrar. Y el cansancio y agobio aumentan.

JUZGAR:

Hace unos días leí un artículo de Michael P. Moore, ofm, Doctor en Teología Fundamental por la Universidad Gregoriana de Roma, titulado “Dios-en-pandemia”, y en él indicaba: “Humanamente es entendible que, en situaciones de grandes calamidades, el hombre −de ayer y de hoy− acuda a dios o a las divinidades −tengan el nombre que tengan− para que solucionen aquello que ya nosotros −las ciencias− no podemos solucionar porque que escapa de nuestras manos; sobre todo, cuando se ve amenazado el don más grande que tenemos: la vida”.

Y en el Evangelio de hoy, Jesús ha dicho: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Y es lo que, como creyentes, hemos hecho y hacemos: vamos a Él. “Se acude a cadenas de oración, pedidos de intercesión a santos, rezos ante imágenes (supuestamente) milagrosas, etc. para que, por su mediación, Dios intervenga y frene el flagelo, o, al menos, consuele a los desconsolados”. Pero muchas personas ven que, por mucho que se multipliquen las oraciones, aparentemente, todo sigue igual, y ni el cansancio ni el agobio desaparecen, y acaban resignándose a aguantar “hasta que Dios quiera”.

Pero inevitablemente surgen las preguntas: “¿Por qué Dios no hace algo? ¿Dónde está Él mientras tantos hijos suyos se deshacen en el dolor, y resbalan, lentamente, hacia la muerte? ¿Existe, en verdad algún Dios… y si existe, cómo es?”. Porque no hay que olvidar que “lo que se pone en juego en estas situaciones es −nada más y nada menos− que nuestra imagen de Dios: ¿quién es el dios en el que se basa mi fe y cómo se relaciona con la Historia?”.

Esta situación de crisis quizá pone al descubierto que tenemos una imagen de Dios como la de “un Gran Mago que, desde “el cielo” y de vez en cuando –muy de vez en cuando, por cierto− interviene con golpes de varita mágica para interrumpir el curso de las leyes y de las libertades, y así evitar el sufrimiento”.

Pero en el Evangelio Jesús ha continuado diciendo: cargad con mi yugo y aprended de mí… porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Jesús no nos libra mágicamente del cansancio y el agobio; Jesús nos propone “cargar con su yugo”, “porque la historia está en nuestras manos… y nuestras manos, sostenidas por las de Dios. Dios-hace-haciendo-que los hombres hagamos”. Lo que Jesús nos propone es “descansar trabajando”… pero con Él y como Él y entonces encontraremos nuestro descanso. Porque Él, el Hijo de Dios, se hizo hombre, padeció, murió y resucitó “por nosotros y por nuestra salvación”, y así nos mostró que “Dios está presente no como aquel que evita el dolor del mundo, sino como aquel que lo padece y soporta y, entonces, es el hombre quien está llamado a evitar el sufrimiento de Dios en la historia. Dicho gráficamente: la pregunta que el hombre dirige al cielo en medio de su dolor ¿por qué no haces algo?, Dios la devuelve al hombre desde su identificación con el sufriente. Y desde allí nos interpela para que aliviemos su dolor, que es el mismo dolor de su creatura”.

ACTUAR:

¿He sentido cansancio y agobio estos meses? ¿La oración me ha ayudado, o me he preguntado “por qué Dios no hace algo”? ¿Tengo una imagen de Dios como la de “un Gran Mago”? ¿Qué entiendo por “cargar con el yugo de Jesús”? ¿Qué estoy haciendo para aliviar el dolor de otros?

Jesús nos repite su invitación: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados… cargad con mi yugo y aprende de mí… y encontraréis vuestro descanso. Sin embargo, “para muchos, esto no basta. Porque preferirían no un Dios que sufre con ellos sino un Dios que evita el sufrimiento, que no sufre ni deja sufrir”. Pero no es éste el Dios que se nos ha revelado en Jesucristo, Crucificado y Resucitado. Jesús nos invita a recordar cómo es el Dios en quien decimos creer, porque no es un Gran Mago milagrero, sino que “Dios está sufriendo en y con los que sufren este flagelo, y también está salvando con y a través de tantos que están arriesgando su vida para que otros vivan (…)”. Si queremos encontrar descanso, “descansemos trabajando” aprendiendo de Jesús y cargando con su yugo, porque “mientras Dios no llegue a ser ‘todo en todos’ (1Co 15, 28) continuará el sufrimiento en el mundo. Se trata, en el mientras tanto, de practicar la misericordia, para aliviar nuestro dolor, que es el suyo”.

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