Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XXII del TO-A

Toma tu decisión

VER:

Cada día tomamos muchas decisiones, la mayoría de ellas sobre asuntos intrascendentes: qué ropa ponernos, qué vamos a comer, dónde voy a ir… Pero a lo largo de la vida se presentan ocasiones en las que hay que tomar grandes decisiones, que sí van a tener una trascendencia: estudiar o trabajar, qué profesión elegir, en qué ciudad vivir, casarse o no… Estas decisiones no se pueden tomar a la ligera, y para ayudarnos a decidirnos podemos utilizar diferentes métodos: uno muy conocido es el de escribir una lista de “pros” y “contras”, pensar las ventajas e inconvenientes de una opción, y ver de qué lado se inclina la balanza; otro método consiste en imaginar que ya hemos tomado la decisión y tratar de pensar cómo nos sentimos, cómo ha cambiado nuestra vida… Estos métodos nos pueden ayudar, pero debemos tener claro que nunca tendremos el 100% de seguridad.

JUZGAR:

Las grandes decisiones también se toman en lo referente a la fe: cuál es mi vocación en la Iglesia, dónde asumir un compromiso evangelizador… pero hay una decisión previa a todas éstas, que además es la fundamental: la decisión de ser cristiano, de seguir a Jesucristo. Y ésta es una decisión totalmente personal y trascendental, porque afectará a todo el conjunto de nuestra vida.

En el Evangelio hemos escuchado la invitación de Jesús a tomar una decisión ante Él: El que quiera venirse conmigo… Ser cristiano no es una imposición, no se puede ni se debe obligar a nadie a ser cristiano. El que quiera venirse conmigo… que tome su propia decisión de forma personal y libre.

Pero por la trascendencia que tiene esta decisión, no se debe tomar a la ligera o en un momento de fervor religioso o exaltación, porque puede ocurrirnos lo que decía Jeremías en la 1ª lectura: al principio todo es muy bonito: Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir… Pero una vez ha pasado ese fervor o exaltación, lamentamos nuestra decisión: Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban de mí.

Ser cristiano no es como “apuntarse a un club” o a una asociación cualquiera, y para que podamos valorar nuestra decisión, Jesús nos indica con claridad las condiciones para seguirle: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Para tomar nuestra decisión, estas palabras de Jesús las debemos “traducir” a nuestra realidad, en qué se concreta ese “negarme a mí mismo”: en lo personal, familiar, social… porque dificulta o impide que siga a Jesús; cuál es la “cruz” que he de cargar, de qué o de quiénes está formada…

Ante esa realidad nuestra, Jesús también nos invita a pensar en los “pros” y los “contras” de la decisión de seguirle o no: quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

Jesús quiere que le sigamos, pero respeta nuestra libertad, y por eso también nos plantea una pregunta para que imaginemos lo que nos ocurrirá si decidimos rechazar su propuesta de seguirle: ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Pero Jesús también nos indica lo que ocurrirá si decidimos seguirle: el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Si queremos recibir lo que el Señor nos ofrece, debemos tomar la decisión de seguirle, con todas las consecuencias, y mantenernos fieles a la misma, no nos ocurra como a Pedro, que tras escuchar a Jesús que tenía que ir a Jerusalén y allí padecer mucho, se echa atrás y lo rechaza: ¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte.

ACTUAR:

El Señor nos plantea estas cuestiones, a las que debemos responder personalmente: nadie puede dar una respuesta por mí, y la respuesta que otros hayan dado no me sirve. La decisión de ser o no cristiano, de seguir a Jesús, es una de las grandes decisiones de nuestra vida y, si somos coherentes, la decisión fundamental, porque el seguimiento de Jesús configura todo lo que somos y hacemos.

Imaginemos cómo nos sentiríamos, cómo cambiaría nuestra vida si tomamos una u otra decisión y qué perspectivas de futuro nos aporta aceptar o rechazar la invitación de Jesús a seguirle.

Igual que ocurre en otras decisiones, no podremos tener el 100% de seguridad, pero sí tendremos razones suficientes para ser cristianos. Y cuando vengan los momentos de incertidumbre y de oscuridad, serán la ocasión de renovar nuestra decisión y encontrar nuevas razones para seguir a Jesús. La propuesta, por su parte, está hecha: ahora nos toca a cada uno tomar nuestra decisión.

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