Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía IV de Pascua-B

Que quede bien claro

VER:

Una tentación que tenemos es “ponernos medallas”, es decir, atribuirnos hechos, acciones, palabras… que no son nuestras ni nos corresponden, pero que nos hacen quedar bien ante los demás. Esto es algo que hacemos pero que, a la vez, nos provoca rechazo cuando otros se atribuyen méritos que son nuestros. Por eso en ocasiones queremos que quede bien claro lo que nosotros hemos hecho o dicho, para que no haya lugar a dudas o confusiones.

JUZGAR:

En la 1ª lectura hemos escuchado unas palabras de Pedro. Antes del pasaje que hemos leído, Pedro había curado a un cojo de nacimiento y las autoridades lo interrogan. Pedro, desde su posición preeminente en la comunidad cristiana, podría haberse atribuido el mérito de la curación para llamar la atención de la gente y mostrarse como alguien con poder, pero su respuesta va en otra dirección: quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno.

Al curar al cojo de nacimiento, Pedro le había dicho: No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda. Pedro es muy consciente de sus limitaciones, de las tres veces que negó a Jesús, de cómo se entristeció cuando Jesús, ya resucitado, le preguntó por tercera vez si lo amaba, y de su respuesta humilde: Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero. Por eso ahora no va a atribuirse méritos que no le corresponden y quiere que quede bien claro que quien ha curado al cojo de nacimiento es el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien Dios resucitó de entre los muertos.

La actitud de Pedro es una lección para todos nosotros, en este cuarto domingo de Pascua, en el que Jesús se nos muestra como el Buen Pastor. No pensemos que ser “pastores” corresponde sólo a obispos, presbíteros y personas de especial consagración, porque todos los bautizados que somos y formamos la Iglesia estamos llamados a ser “pastores”. Todos tenemos cerca a alguien que necesita nuestra atención y cuidado, nuestro testimonio, y cada día se nos presentan oportunidades para ejercer ese pastoreo, pero ninguno de nosotros puede decir de sí mismo: Yo soy el Buen Pastor.

Y es cierto que entre los miembros de la Iglesia hay ejemplos admirables de entrega a los demás, pero en lo más cotidiano a veces no cuidamos que quede bien claro que el Pastor es Jesús, no nosotros, y que lo que hacemos, lo hacemos en su Nombre, no por nuestros méritos personales. No se trata de ir pregonándolo constantemente; primero está el testimonio personal, como escribió el Papa Francisco: “la comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz”. (Evangelii gaudium 24)

Pero, para que quede bien claro Quien es el Pastor, hemos de estar dispuestos a manifestarlo con normalidad y valentía, como Pedro, cuando alguien nos pregunte la razón de nuestro actuar, porque “la Buena Nueva proclamada por el testimonio de vida deberá ser pues, tarde o temprano, proclamada por la palabra de vida. No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios” (Pablo VI, Evangelii nuntiandi 22).

ACTUAR

¿En alguna ocasión me he atribuido hechos, acciones… para quedar bien ante los demás? ¿Alguien se ha atribuido alguna acción mía? ¿Cómo me sentí? ¿Mi actuar cotidiano deja bien claro que mi vida está guiada por Jesucristo? ¿En alguna ocasión he hablado explícitamente de Él?

Todos los que somos y formamos la Iglesia estamos llamados a ser pastores, a atender y cuidar a otros, pero no es suficiente “ser buenas personas” y quedar nosotros bien ante los demás: debemos procurar que quede bien claro que Cristo es el Buen Pastor y que Él es la razón de nuestro actuar.

La actitud de Pedro que hoy hemos contemplado es una llamada para que cuidemos tanto el testimonio que damos de Jesús Resucitado como el modo en que lo damos, para no “ponernos medallas” y que quede bien claro que Él es el centro, el Buen Pastor, y “que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo”. (Evangelii gaudium 266)

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Estudio de Evangelio

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