Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Ascensión del Señor-B

La “nueva normalidad”

VER:

Uno de los nuevos conceptos y expresiones que ha traído la pandemia del coronavirus es el de “nueva normalidad”, que empezó a utilizarse tras el confinamiento, para referirse a las nuevas condiciones que habrán de regir a partir de ahora las relaciones humanas, sociales, laborales… y que vienen marcadas por el uso de mascarilla, un mayor cuidado de la higiene, los aforos limitados, el distanciamiento social, las citas previas para casi todo… Un conocido personaje público, en una entrevista, dijo algo que mucha gente pensaba y sigue pensando: Se habla de nueva normalidad y yo quiero una antigua normalidad, la de antes. Y muchos desearían que las cosas vuelvan a ser como antes, pero todo ha cambiado demasiado y ya nada será igual, y tenemos que asumir la nueva normalidad.

JUZGAR:

La mayoría de las personas nos resistimos a los cambios, sobre todo en aspectos fundamentales de nuestra vida. Y en este domingo de la Ascensión del Señor hemos escuchado que la Resurrección de Jesús fue un acontecimiento que marcó un antes y un después en la vida de los discípulos: Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo.

Con Jesús Resucitado y su Ascensión al cielo ha comenzado una nueva época para sus discípulos, que traerá una “nueva normalidad”. Una primera característica de esta “nueva normalidad” es que el Señor ha constituido el nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia. Pero los discípulos no acaban de asimilar esta novedad que la Resurrección significa, y esperan que las cosas vuelvan a la “antigua normalidad”, como antes: Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel? Sin embargo, el pueblo de Dios ya no se identifica con Israel y no hay que pretender volver a esplendores pasados. Quizá también algunos hoy desearían que la Iglesia volviera a épocas pasadas en las que tenía mayor poder y reconocimiento en la sociedad.

La “nueva normalidad” incluye también que las fronteras del Pueblo de Dios ya no están delimitadas por un territorio: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la Creación. El Pueblo de Dios abarca toda la Creación y estará formado por todo aquél que crea y se bautice. Quizá a algunos hoy les cuesta aceptar la incorporación a las comunidades parroquiales, movimientos y asociaciones, de personas que provienen de otros lugares y culturas.

Y otras características de la “nueva normalidad” que trae la Resurrección y Ascensión del Señor las hemos escuchado en la 2ª lectura: os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Muchos siguen pensando que la “vocación” es algo sólo para el ministerio sacerdotal o la vida de especial consagración, y no han descubierto la vocación laical y su importancia en la evangelización.

Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzados en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz… En nuestro mundo, marcado por una creciente agresividad y crispación, la “nueva normalidad” de los discípulos de Cristo consiste en llevar a la práctica cotidiana estas indicaciones, como dice el Papa Francisco: “Es una manera de tratar a otros que se manifiesta de diversas formas: como amabilidad en el trato, como un cuidado para no herir con las palabras o gestos, como un intento de aliviar el peso de los demás. Implica decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan, en lugar de palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian” (Fratelli tutti 223).

ACTUAR:

¿Acepto la “nueva normalidad” en la vida social, familiar, laboral… o deseo que todo vuelva a ser como antes? ¿Celebrar la Resurrección de Cristo ha supuesto para mí algún cambio? ¿Añoro tiempos pasados de la Iglesia? ¿Qué característica de la “nueva normalidad” de Cristo necesito cuidar más? ¿Y en mi comunidad parroquial, asociación, movimiento…?

Nos guste más o menos, el cambio de época que estamos viviendo acarrea también una “nueva normalidad” y necesitamos asumirlo. La Resurrección y Ascensión del Señor también debería suponer un cambio para cada uno y para la Iglesia en general, y necesitamos asumir la “nueva normalidad” que debemos vivir como discípulos y apóstoles suyos, en camino hacia la santidad. Hagamos como los primeros discípulos, que fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y que la práctica de la “nueva normalidad” de Cristo sea el signo para que otros también puedan creer en Él y bautizarse.

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