Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Santísima Trinidad-B

Composición interna

VER:

Cuando nos tomamos un medicamento, incluso los de uso más común, raramente nos detenemos a leer la composición de ese medicamento; y, aunque lo hagamos, a menudo encontramos nombres que no entendemos. Simplemente decimos que “me he tomado un paracetamol, un ibuprofeno, una aspirina…” Sin embargo, ese medicamento que se nos muestra como un comprimido tiene una composición de varios elementos que, unidos, hacen que sea beneficioso para nuestra salud.

JUZGAR:

La semana pasada terminó el tiempo de Pascua con la celebración de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Y, en continuidad, esta semana celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, Misterio central de la fe y de la vida cristiana, porque es el Misterio de Dios en sí mismo.

La mayoría de cristianos hemos aceptado lo que aprendimos de niños: “¿Quién es la Santísima Trinidad? La Santísima Trinidad es el mismo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas distintas y un solo Dios verdadero”. Y, en la edad adulta, o bien no nos hemos planteado este tema por considerarlo “incomprensible”, o bien, si hemos querido profundizar, el Catecismo nos da esta definición: “Las tres divinas Personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres personas son realmente distintas entre sí por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo”. Y la teología habla de términos como naturaleza, persona, esencia, unidad, distinción, consubstancialidad, operaciones, procedencia… que nos dejan igual que cuando leemos la composición de un medicamento: no lo entendemos.

Pero, del mismo modo que nos tomamos el medicamento aunque no entendamos su composición, también podemos relacionarnos con Dios aunque siga siendo un Misterio, porque la Santísima Trinidad no es una cuestión teórica, sino existencial, y la tenemos que introducir en nuestra vida de fe. Como hemos escuchado en la 2ª lectura, para los primeros discípulos era normal hablar del Espíritu, del Padre, de Cristo… Y el propio Jesús, en el Evangelio, les dio este mandato: Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El Misterio de la Santísima Trinidad lo conocemos no porque nos lo hayamos inventado o figurado, sino porque es Dios mismo quien ha venido a nosotros y se nos ha ido revelando, se nos ha ido dando a conocer a lo largo de la historia, hasta llegar a su revelación plena en Jesucristo.

Jesús es el Hijo eterno de Dios que se hizo hombre por obra del Espíritu Santo. Al recibir el bautismo, se vio rasgarse los cielos y al Espíritu Santo descender sobre Él como una paloma, y se oyó una voz desde los cielos: Tú eres mi Hijo amado (Mc 1, 10-11). Durante su vida pública, Jesús habló de Dios como su Padre, su Abba, y enseñó a sus discípulos a dirigirse a Él del mismo modo; y Jesús se refería a sí mismo también como el Hijo. Y antes de su Pasión anunció a sus discípulos en tres ocasiones que les enviaría el Espíritu Santo.

Y, sobre todo, el Misterio de la Santísima Trinidad es la revelación de Dios como Amor, un amor inabarcable, infinito. Ese amor lo descubrimos sobre todo en el hecho de que Dios envió a su Hijo hecho hombre, y el momento en que se muestra plenamente el amor de Dios es en la entrega de Jesús en la Cruz por nuestra salvación; y Jesús resucitó por la fuerza del Espíritu Santo.

ACTUAR:

La Pascua del Señor, su pasión, muerte y resurrección, es la revelación y la realización plena del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo hacia nosotros. A esta revelación por parte de Dios corresponde, por nuestra parte, la respuesta de fe, nuestro “sí” al Dios Uno cuya “composición interna” son tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Nuestro conocimiento de Dios es limitado, por tanto, también es limitado nuestro lenguaje sobre Dios. Dios seguirá siendo un Misterio que no podremos explicar en su totalidad pero que sí podemos incorporar plenamente a nuestra vida, porque es un Misterio de Amor que nos introduce en su comunidad de amor: el Padre nos incluye en el amor con que ama a su Hijo en el Espíritu Santo. El Hijo nos ha amado hasta el extremo de dar su vida por nosotros. Y el Espíritu Santo es el Amor infinito que abraza al Padre y al Hijo y a nosotros en el Hijo y el Padre.

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