Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía XV del TO-B

¿De dónde nos ha sacado?

VER:

Muchas veces escuchamos o leemos la tarea que Cáritas, órdenes religiosas, institutos seculares y otras organizaciones de la Iglesia llevan a cabo para “sacar” a algunas personas del sitio o condición en que se hallan. Y así, se habla de sacar de la droga, de la prostitución, de la delincuencia… Pero, para sacar a alguien de esos ambientes nocivos, hace falta, en primer lugar, que la persona en cuestión quiera salir; en segundo lugar, hay que ofrecerle alternativas, un lugar adonde pueda ir para que rehaga su vida; y, en tercer lugar, ha de haber quien acompañe todo ese proceso. Y nos admira el trabajo que tantas personas están realizando para que otros puedan salir de su necesidad, a menudo a costa de grandes sacrificios personales e, incluso, poniendo en peligro su propia vida.

JUZGAR:

La Palabra de Dios de este domingo nos muestra la voluntad del Señor de sacarnos a todos de aquello que nos impide llevar una vida digna, como hijos suyos que somos. Y la 1ª lectura nos invita a pensar de dónde nos ha sacado el Señor. Decía Amós: No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño. Quizá hemos llevado una vida “normal”: trabajo, familia, amigos… incluso rezamos nuestras oraciones y vamos a la Eucaristía, pero nunca hemos estado vinculados a la parroquia, ni hemos formado parte de algún Movimiento o Asociación laical. Pero el Señor, de múltiples formas, nos cuestiona para sacarnos de esa vida rutinaria, individualista, perdida entre el “rebaño” de seres humanos que pueblan nuestro mundo.

Pero para salirnos del rebaño, necesitamos saber a dónde ir, qué alternativa se nos propone, y lo hemos escuchado en la 2ª lectura: Él nos ha destinado en la Persona de Cristo a ser sus hijos… Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Cuando dejamos que el Señor nos saque de nuestra rutina, que produce vacío existencial, descubrimos lo que significa ser y vivir como hijos de Dios. Y también descubrimos cuántas cosas, actitudes, personas, y nuestros propios pecados, nos mantenían “esclavizados”, impidiéndonos llevar la vida que Dios quiere para nosotros. Y, sobre todo, descubriremos cómo la entrega de Cristo en la cruz “nos redime”, es decir, nos rescata, nos saca de esas esclavitudes, y el perdón recibido nos permite retomar el rumbo de nuestra vida.

Y, para sacarnos del rebaño, el Señor se sirve de personas que, por el testimonio y la vivencia de su fe, nos cuestionan y acompañan en el proceso de “salir del rebaño”. Hoy podemos recordar con agradecimiento a quienes lo han hecho con nosotros, pero no pensemos que esta tarea la van a realizar siempre los otros: el Señor cuenta conmigo y con todos y cada uno de los miembros de su Iglesia para desarrollar esta misión. Como escribió el Papa Francisco: “Jesús no dice a los Apóstoles que formen un grupo exclusivo, un grupo de élite” (EG 113). “Sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones” (EG 120). En el Evangelio hemos escuchado que Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos. Pero no les otorgó grandes poderes: que llevaran para el camino un bastón y nada más, ni pan ni alforja ni dinero suelto… El Señor nos da lo único que necesitamos: “en virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero. Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador” (EG 120).

ACTUAR:

¿Conozco a alguien a quien hayan sacado de un ambiente nocivo? ¿Cómo se desarrolló el proceso? ¿De dónde me ha sacado a mí el Señor, de qué rutinas, esclavitudes, pecados… me ha redimido? ¿Quién me acompañó en ese proceso? ¿Me siento llamado a ser discípulo misionero?

Son muchas las personas que necesitan que las saquen de ambientes nocivos, que se les ofrezca la alternativa de vivir como hijos de Dios. Como a Amós, como a los Doce, el Señor nos pide que acompañemos a otros en esta tarea. Tengamos presente de dónde nos ha sacado, de qué rutinas y esclavitudes nos ha redimido, qué pecados nos ha perdonado, porque “esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización, pues si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús” (EG 120).

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