Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía del XVI del TO-B

Con calma, con Jesús

VER:

A principios de junio, para preparar el próximo Congreso Diocesano de Laicos, en Valencia, llegó a las parroquias y Movimientos un documento de reflexión, con unas preguntas, cuyas respuestas había que enviar las respuestas antes del 30 de junio. Diversas circunstancias motivaron que este documento no se pudiera enviar antes y hubo voces, tanto de curas como de laicos, que protestaron porque estas fechas no eran adecuadas para pedir esta reflexión, más aún después de todo lo vivido este año, puesto que muchas personas ya habían tomado sus vacaciones y resultaba difícil reunirse para hacer el trabajo solicitado. Por eso, en la carta que acompañaba este documento se pedía que no se dejase de lado, indicando: “Es verdad que estamos a final de curso y el cansancio nos afecta, pero solo se trata de una sencilla tarea que es muy valiosa para los contenidos y celebración del Congreso”.

JUZGAR:

En pleno verano, las palabras que Jesús dirige a sus discípulos y apóstoles: Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco, suenan a una invitación a tomarse unas merecidas vacaciones. Pero pronto ese deseo se frustra: Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Es verdad que los apóstoles, y el propio Jesús, necesitan un descanso, pero la urgencia de la multitud como ovejas sin pastor les lleva a actuar. Eso sí, con calma.

Nadie niega el cansancio y el desgaste emocional, físico y espiritual que conlleva la misión evangelizadora, y por eso no debe sorprender lo que ya dijo el Papa Francisco en Evangelii Gaudium: “Cuando más necesitamos un dinamismo misionero que lleve sal y luz al mundo, muchos laicos sienten el temor de que alguien les invite a realizar alguna tarea apostólica. Pero algo semejante sucede con los sacerdotes”. (81)

Si experimentamos ese cansancio y ese temor y rechazo ante cualquier nueva propuesta apostólica que nos llegue, deberíamos detenernos a pensar que quizá “el problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. No se trata de un cansancio feliz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva, no aceptado”. (82)

Por eso, este tiempo de verano, entre un curso pastoral y otro, es la ocasión adecuada para revisar, como discípulos y apóstoles que somos, cómo hemos vivido estos meses nuestro camino de santidad, qué nos ha animado y qué nos ha agobiado… Y cómo hemos cuidado nuestra espiritualidad: nuestra oración, nuestra participación en la Eucaristía, la confesión, la formación…

Algunas veces ese cansancio se debe a otra causa, más profunda y de la que no somos conscientes: “Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo. El que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y entierra sus talentos”. (85) A veces, aunque no lo digamos, sentimos que nuestros trabajos apostólicos realmente “no sirven”, porque no se ven avances, y por eso rechazamos cualquier nueva propuesta que nos llegue, porque no creemos que realmente vaya a cambiar nada.

Pero las ovejas sin pastor siguen ahí, y por eso el Señor, aun conociendo nuestro cansancio, nos hace una nueva llamada: Él sigue contando con nosotros, también en verano, para enseñarles con calma.

ACTUAR:

Este Evangelio, como Buena Noticia que es, nos invita a pensar: ¿Cómo he terminado el curso pastoral? ¿Sufro cansancio y agobio? ¿Qué quisiera hacer estos meses de verano?

Y, a la vez, nos recuerda lo que dijo el Papa: “Siempre hace falta cultivar un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad. Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga”. (262) ¿Voy a buscarme esos tiempos de encuentro con el Señor?

Precisamente porque las ovejas sin pastor siguen ahí y cada vez más numerosas, no nos faltarán propuestas y compromisos apostólicos que nos llegarán para seguir la misión evangelizadora. Para hacerlo con calma, “urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás” (264). Y en esa contemplación descubriremos, “por experiencia propia, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso evangelizamos”. (266)

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