Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Epifanía del Señor-C

Baja la Luz

 

VER:

Desde hace unos meses, todos estamos preocupados por la subida del precio de la luz. Al escribir esta homilía, llevábamos ya cinco días de récords consecutivos con el mayor precio de la historia. Una subida de la luz que no afecta sólo al recibo mensual, sino que repercute en todo lo demás, porque la luz, la electricidad, es necesaria para casi todas las actividades humanas. Por eso, la subida de la luz conlleva un aumento de precios en todo, y donde más se está notando es en la alimentación, y en la calefacción, lo que perjudica, sobre todo, a las personas en situación económica precaria o vulnerable.

JUZGAR:

Hoy estamos celebrando la Solemnidad de la Epifanía del Señor, y en la 1ª lectura hemos escuchado: ¡Levántate… porque llega tu luz! Lo escuchábamos el domingo pasado, en el prólogo del Evangelio según san Juan: El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. Y lo que esta fiesta nos invita a celebrar es que esta Luz, a diferencia del recibo de las compañías eléctricas, no sube sino que baja.

La Luz verdadera que estaba junto a Dios ha bajado: ha bajado para nosotros, en una aldea pequeña, Belén de Judá; ha bajado para nosotros para hacerse presente en algo tan pequeño como un niño.

La Luz verdadera ha bajado tanto que, para contemplarla, hace falta abajarse, ponerse de rodillas, como hicieron los Magos que, cayendo de rodillas lo adoraron. La fiesta de hoy nos ayuda a revivir lo que estamos celebrando desde la Nochebuena: que el Dios Omnipotente, Omnisciente, Eterno, Santo… se ha abajado para ponerse a la altura del ser humano.

Y si la subida de la luz tiene repercusiones negativas en todo, esta “bajada de la Luz verdadera” también tiene consecuencias para todos, pero son positivas. La Epifanía del Señor es la celebración de la manifestación de Dios a los gentiles, a todos los pueblos, porque todos estamos representados en esos Magos de oriente.

A todos se nos ofrece la posibilidad de aprovechar la “bajada de la Luz”, y quienes más se van a beneficiar son los pobres, los sencillos, los que no cuentan, los descartados. Todos podremos volver a nuestra tierra por otro camino, como los Magos, dando un nuevo sentido a nuestra vida cotidiana, que ahora está iluminada por la Luz verdadera y conocemos también la meta.

ACTUAR:

Si hoy nos dijeran que ha bajado el precio de la luz, nos alegraríamos. Pues hoy se nos invita a la alegría, como los Magos que al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Nos alegramos porque ha bajado la Luz verdadera. Y, si Dios se ha abajado, nuestra actitud ha de ser también de abajamiento.

La Luz verdadera ha bajado para que lo acojamos de corazón y dejemos que Dios ilumine nuestra vida. Y esta acogida de la Luz la expresamos con nuestra adoración. La Epifanía del Señor, su manifestación en un Niño, es una llamada a bajar nuestros egoísmos, nuestros engreimientos, nuestras presunciones y prepotencias, nuestro acomodamiento… y arrodillarnos ante Él, como hicieron los Magos, adorar este Misterio de Amor tan grande que se manifiesta en lo pequeño.

Y para que podamos adorarle siempre, para que la Luz verdadera pueda iluminar nuestra vida, el Señor se ha quedado en la Eucaristía.

Un buen compromiso, concreto, posible y revisable, como fruto de esta Navidad, es que la oración ante Jesús Sacramentado, la adoración eucarística, pase a ser algo habitual en nuestra vida de fe: la visita al Sagrario al venir al templo y al marcharnos, llegar con tiempo para poder estar un tiempo en oración en la capilla… es lo que favorecerá que acojamos la Luz verdadera que ha bajado para iluminar nuestro caminar diario, la pequeñez de nuestra vida familiar, laboral, social… siendo nosotros reflejo de esta Luz allí donde nos encontremos.

La Epifanía del Señor, la bajada de la Luz, debe ser el comienzo de un nuevo discurrir de nuestra vida: un nuevo objetivo, un nuevo estilo, unos nuevos valores, unos nuevos criterios… dejándonos iluminar por esta Luz que nos guiará al encuentro definitivo con Dios.

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