Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Bautismo del Señor-C (Lecturas propias)

¿Y ahora, qué?

VER:

A finales de noviembre de 2021 tuvo lugar en Valencia el Congreso Diocesano de Laicos. Este Congreso, en la misma línea que el celebrado en Madrid en febrero de 2020, se planteó desde el principio no como un evento puntual, sino como parte de un proceso al que debe darse continuidad. En este sentido, la Delegada Diocesana de Laicos, en las conclusiones, puso este ejemplo: «Hemos vivido, permitidme la comparación, como un embarazo, lleno de alegría, ilusión, esperanza, preparación, pero también de incertidumbre y temor. Hoy estamos participando de este especial “parto”, un momento más alegre y gozoso, si cabe. Ahora ya tenemos aquí nuestra “criatura”». Y lanzó una pregunta a todos los participantes: «¿Y ahora, qué? No vamos a abandonarla, ¿verdad? Vamos a cuidarla y ayudarla a crecer». Porque después de todo el trabajo realizado antes y durante el Congreso, sería absurdo terminarlo sin darle una continuidad en la vida de la Iglesia diocesana.

JUZGAR:

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor, con la que llega a su fin el tiempo de Navidad. Y la Navidad no es un evento puntual, limitado a unos días del año. La Navidad forma parte de ese proceso que es la Historia de la Salvación que Dios lleva a cabo con el ser humano, y supone la actualización del nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre, y este acontecimiento debe configurar el discurrir de nuestra vida durante el resto del año, porque se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos. (2ª lectura)

Siguiendo con el ejemplo del Congreso de Laicos, durante el Adviento hemos vivido un tiempo de preparación y esperanza; la Navidad ha supuesto el “parto”, el momento alegre y gozoso del nacimiento del Señor, al que hemos unido otras celebraciones: la Sagrada Familia, Santa María Madre de Dios, Epifanía… Ya tenemos a Jesús, el Niño nacido. ¿Y ahora, qué? Porque después de todo lo orado y celebrado, sería absurdo terminar el tiempo de Navidad sin darle una continuidad en el día a día de nuestra vida, de nuestras parroquias y de nuestra Iglesia.

Para evitar que olvidemos pronto la Navidad, la fiesta del Bautismo del Señor nos recuerda en el Evangelio que Jesús se ha manifestado como el Hijo de Dios: vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco”. Y si creemos que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, no vamos a abandonarlo, vamos a cuidarlo y ayudarlo a crecer en nosotros y en nuestro mundo.

La celebración del Bautismo del Señor es un compromiso para todas las personas bautizadas, de ahí la llamada que hemos escuchado en la 1ª lectura: Consolad, consolad a mi pueblo… La Buena Noticia que hemos celebrado es para comunicarla, sobre todo a tantos que hoy, por muchos motivos, necesitan el consuelo del Dios hecho hombre, el único que tiene palabras de vida eterna (cfr. Jn 6, 68)

Y, para reforzar la idea de continuidad, esta lectura nos ha ofrecido como un eco de lo que ya habíamos escuchado en el domingo II de Adviento: En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. El camino que, durante el Adviento, preparamos en nosotros para recibir al Señor en Navidad, continúa: sigue habiendo muchos desiertos en lo personal, social, familiar, económico, político… Hay muchas cosas torcidas que necesitan enderezarse, muchos desequilibrios escabrosos que necesitan igualarse. Y el Señor sigue contando con quienes hemos recibido el bautismo.

ACTUAR:

¿Cómo he vivido el tiempo de Navidad? ¿Ha cambiado algo en mi vida? ¿Me pregunto: “Y ahora, qué”? ¿He pensado en dar una continuidad al Congreso de Laicos y a la Navidad?

Para responder a la llamada a “consolar al pueblo”, el primer paso es que nosotros mismos demos continuidad al Congreso y a la Navidad. Las palabras del Padre en el Evangelio: Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco, son una llamada a poner realmente a Cristo en el centro de nuestra vida, entrando en comunión con Él mediante la oración, la Eucaristía, la formación en los Equipos de Vida… Y la centralidad de Cristo irá enseñándonos a que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa. El consuelo más creíble que podemos ofrecer los bautizados a quienes se sienten en un desierto sin esperanza es que, de palabra y de obra, durante los próximos meses, mostremos que aguardamos la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo.

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