Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía II de Pascua-C

Proyectar nuestra sombra

VER:

Una tarde de verano, sobre las cuatro, me encontré con una escena curiosa: tres personas estaban esperando el autobús en una acera donde daba el sol de lleno. Esa calle no tiene arbolado, y las tres personas se refugiaban poniéndose en fila india en la estrecha sombra que proyectaba una farola. A pesar de que lógicamente no era muy grande, la humilde sombra de esa farola sí que suponía para estas personas un alivio frente al calor, mientras esperaban.

JUZGAR:

La sombra es algo que tiene todo material opaco, y no necesitamos hacer ningún esfuerzo para proyectarla: sólo hay que exponerse a la luz para que aparezca y nos acompañe en todo momento, sin que nos demos cuenta.

Estamos celebrando el Domingo II de Pascua. Hace ocho días, en la Vigilia Pascual, se encendió el Cirio Pascual, símbolo de la Luz de Cristo Resucitado, que nos alumbra. Desde hace ocho días, estamos expuestos a su Luz y, por tanto, sin que nos demos cuenta, estamos proyectando una especie de “sombra espiritual”, provocada por la Luz de la Resurrección de Cristo.

Es lo que le ocurrió a Pedro, como hemos escuchado en la 1ª lectura: La gente sacaba los enfermos a las plazas y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno. No es que Pedro tuviera por sí mismo algún poder y su sombra fuera mágica. Es la experiencia de fe que Pedro irradia por su encuentro personal con Cristo Resucitado la que “se proyecta” sobre los demás, sin que él se dé cuenta, sólo pasando entre ellos. Y algo tan simple es suficiente para que las personas, enfermas en su cuerpo o en su espíritu, encuentren alivio y esperanza.

En este mundo en el que encontramos tantas sombras negativas y amenazantes, el Domingo II de Pascua es una llamada para que nosotros “proyectemos nuestra sombra” espiritual, provocada por nuestro encuentro con Cristo Resucitado, de un modo humilde pero efectivo.

Para eso, en primer lugar debemos exponernos a su Luz. En el Evangelio hemos escuchado que los discípulos estaban con las puertas cerradas por miedo. Las puertas cerradas, ya sean puertas físicas o las puertas de nuestro corazón, no dejan pasar la luz. Si nos “cerramos” al Resucitado, si no nos abrimos a Él en la oración, en la Eucaristía, en la Reconciliación, en la formación… no podrá iluminarnos y tampoco proyectaremos nuestra sombra espiritual sobre los demás.

También necesitamos vivir la fe comunitariamente, no de forma individualista. Al principio, Tomás no estaba con ellos cuando vino Jesús y, por eso, no se encontró con Él y siguió en la oscuridad. Cuando se reúne con los demás discípulos, está en comunidad, es cuando queda también iluminado.

Y los discípulos estaban reunidos el día primero de la semana; y en la 2ª lectura decía Juan que el día del Señor fui arrebatado en espíritu El domingo, al reunirnos para celebrar la Eucaristía, es el día privilegiado en el que la Luz de Cristo Resucitado brilla con especial fuerza, para iluminarnos con toda intensidad y así podamos proyectar nuestra sombra espiritual el resto de la semana.

ACTUAR:

¿He tenido la experiencia de haber ayudado o aliviado a otros por ser cristiano, sin haber sido consciente de ello, simplemente con mi presencia? ¿Me dejo iluminar por Cristo, me abro a Él en la oración, participo de forma consciente y activa en la Eucaristía, recibo habitualmente el Sacramento de la Reconciliación, soy miembro de algún Equipo de Vida? ¿Vivo la fe como miembro de una comunidad parroquial, o de forma individualista? ¿Es la Eucaristía del domingo el centro de mi vida cristiana? ¿Proyecto mi sombra espiritual durante el resto de la semana?

Este domingo también es conocido como el Domingo de la Divina Misericordia. En el Evangelio, Jesús ha dicho a sus discípulos: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo, y estas palabras son también para nosotros. La proyección de nuestra sombra espiritual ha de concretarse en obras de misericordia. Como esa farola de la calle, no necesitamos grandes cualidades; hemos recibido el mismo Espíritu de Dios que mantiene viva en nosotros la Luz de Cristo Resucitado para que proyectemos nuestra sombra espiritual en todo momento, a menudo sin ser conscientes de ello, pero ofreciendo la esperanza del Resucitado a todos los que viven envueltos en sombras de muerte.

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