Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Sant Vicent Ferrer

Artesanos de la paz

VER:

El deseo de paz acompaña a la condición humana y abarca tanto lo interior como lo exterior de la persona; sin ella no hay auténtica vida personal, familiar o social. Pero, como estamos sufriendo actualmente, por desgracia los conflictos y guerras han asolado y continúan asolando la existencia del ser humano, como en Ucrania. Afortunadamente, han surgido hombres y mujeres que han buscado y trabajado por la paz y han servido de puente entre quienes estaban enfrentados y han puesto las bases para el diálogo y el entendimiento entre las partes en conflicto.

JUZGAR:

Hoy celebramos la fiesta de san Vicente Ferrer. Si preguntáramos por qué es conocido este santo, las respuestas más probables serían por sus sermones y por sus milagros; y quizá unas pocas personas se referirían también a su implicación en la vida sociopolítica de su tiempo.

En 2018, al cumplirse el VI centenario de su muerte, se publicaron en la diócesis de Valencia diferentes documentos, catequesis, una carta pastoral… para profundizar en la figura y mensaje de san Vicente Ferrer, y en esos documentos encontramos varias pistas para situarlo en nuestro hoy.

Porque san Vicente Ferrer, en su tiempo, fue un trabajador incansable en favor de la paz. Su trayectoria misionera se puede considerar también un itinerario de pacificación. San Vicente Ferrer fue un auténtico “artesano de paz”. Un artesano es alguien que realiza o fabrica algo personalmente, con sus manos, sirviéndose de herramientas comunes. No es un trabajador “en serie” que actúa de manera mecánica e impersonal, utilizando moldes y plantillas prediseñados. San Vicente Ferrer asumió personalmente y vivió la Buena Noticia del Reino de Dios, e intentó que penetrase en todas las facetas de la sociedad de su tiempo.

Por medio de su predicación, adaptándola a sus oyentes, hizo llegar la presencia amorosa y pacificadora de Dios a todos los ámbitos de lo humano. Su principal atención la dirigió a la conversión de la gente para pacificar los corazones, como primer paso necesario para alcanzar la paz en otros ámbitos, porque la paz personal no puede separarse de la familiar, social o política.

El Evangelio no es algo que quede reservado para la intimidad de la persona. El Evangelio es una Buena Noticia que cambia a las personas y que se concreta en un nuevo modo de entender el mundo, en lo personal, familiar, social, político, económico… a partir de Jesucristo.

Y así, intervino también en cuestiones relacionadas con la vida familiar, en enfrentamientos sociales como los producidos entre dos bandos familiares en la ciudad de Valencia; en la salvaguarda de derechos de colectivos marginados, como las mujeres que querían abandonar la prostitución o los niños huérfanos… Sin olvidar los grandes problemas de los que dependía la paz política y eclesial.

Por eso, también participó en el Compromiso de Caspe, donde se solucionó la sucesión al trono de la Corona de Aragón, y en la resolución del Cisma de Occidente, donde san Vicente, a pesar de sentirse muy cercano a una de las partes, supo cambiar de postura por el bien y la paz de la Iglesia.

ACTUAR:

La paz, siempre pero especialmente en estos tiempos, es frágil y quebradiza. San Vicente Ferrer fue un mensajero infatigable de la paz, anunció y trabajó por la paz. Y construir la paz es también una de las grandes tareas de la Iglesia en nuestro tiempo, y que corresponde a su misión en el mundo.

San Vicente Ferrer es un punto de referencia para nosotros, que también estamos llamados a ser artesanos de paz en nuestros ambientes y en nuestra sociedad.

Como él, cada uno debemos interiorizar y hacer vida el Evangelio de Jesucristo, para encontrar paz en nuestro corazón y para vivir de otra manera. Como predicó san Vicente Ferrer, necesitamos volver a Dios, convertirnos a Él, porque sin Dios no es posible la convivencia ni, por tanto, la paz.

Celebrando a san Vicente Ferrer, todos debemos sentirnos corresponsables en promover la paz. Desde nuestro Bautismo, tenemos la posibilidad de ser artesanos de la paz y, en este tiempo, ser de los “bienaventurados que trabajan por la paz” (Mt 5, 9), predicándola con palabras y obras en medio de un mundo con tanta violencia, destrucción y muerte.

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