Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía IV de Pascua-C

Es cosa de dos

VER:

Una relación de amistad entre dos amigos es cosa de los dos. Para que funcione, ambos han de poner de su parte e implicarse en esa relación. No se trata de que los dos aporten lo mismo ni de estar calibrando quién pone más o menos, pero sí que se requiere que ambos amigos aporten lo necesario para que dicha relación funcione. Cuando una de los dos carga con toda la responsabilidad de la relación y pone todo su esfuerzo y dedicación, mientras que otro da el mínimo, es fácil que la relación de amistad se rompa.

JUGAR:

Jesús nos dijo: Ya no os llamo siervos: porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos. (Jn 15, 15). Por tanto, como indica el Itinerario de Formación Cristiana para Adultos (IFCA) “Ser cristianos en el corazón del mundo”, la fe es una relación de amor y amistad con Dios: “Dios ha salido de sí mismo hacia nosotros para tratarnos como amigos, para entrar en diálogo con nosotros e invitarnos a entrar en su compañía, para responder desbordantemente al ansia de vida y felicidad que anida en nuestro corazón y que Él mismo ha sembrado en nosotros” (Tema 4: “La Buena Noticia: Dios ha resucitado a Jesús y lo ha constituido Señor”).

En el tiempo de Pascua celebramos de modo especial lo que constituye la base de nuestra fe y nuestra vida: que Cristo ha resucitado. Y, como indica el Catecismo (651-655): “La Resurrección constituye la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Es el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento, la verdad de la divinidad de Jesús. Y por su Resurrección nos abre el acceso a una nueva vida”.

Por tanto, “si Jesucristo está vivo y presente entre nosotros, ser cristiano es encontrarse con Jesucristo y entrar así en relación personal con Él. Más aún, ser cristiano es vivir de ese encuentro y para ese encuentro, convertir toda la vida en encuentro con Él”. (IFCA Tema 4). Cristo Resucitado nos invita a tener con Él una relación de amistad, “no es un mito ni una idea abstracta. Es Alguien concreto, un TÚ con el que puedo encontrarme, que nos interpela y nos ofrece la plena liberación y salvación y el logro de una felicidad mayor de la que podemos imaginar”. (IFCA Tema 4)

El Evangelio de este cuarto domingo de Pascua nos ofrece una síntesis de lo que conlleva la relación de amistad entre Jesús y nosotros: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna. En esta relación hay un “desequilibrio”: el Señor ha puesto todo de su parte, hasta el extremo, y nos da la vida eterna, algo que nosotros no podemos igualar. Pero Él, que nos conoce, no nos pide que hagamos lo mismo, sino que aportemos lo necesario para que esta relación funcione: a nosotros nos corresponde escuchar su voz y seguirle.

Para escuchar su voz, como indica la carta a los Hebreos (1, 1-2): En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo. Si queremos que la relación de amistad con Jesús funcione, debemos revisar cómo nos ponemos a su escucha: qué lugar ocupa su Palabra en nuestra vida, cómo la leemos, la meditamos… También cómo es nuestra oración, si nos limitamos al mínimo, si sólo “decimos rezos”, o bien “tratamos de amistad con Aquél que sabemos nos ama” (Sta. Teresa de Jesús).

Y, como fruto de escuchar Su voz, brota el seguimiento. “Creer en Jesús, además de afirmar su existencia y de creer en su palabra, es seguirle. Jesús nos llama, nos invita a cada uno. El seguidor de Jesús es el creyente que se enamora y se deja seducir por Jesucristo y le sigue”. (Llamados por la Gracia de Cristo, Tema 9) Porque “antes de toda ley y de todo deber, lo que Jesús nos propone es un seguimiento como el de los amigos que se siguen y se buscan y se encuentran por pura amistad. Todo lo demás viene después”. (Christus vivit 290) Para que la amistad con el Señor vaya adelante, revisemos si de verdad le seguimos y Él guía nuestra vida, o nos limitamos a afirmar su existencia y a “cumplir”, pero sin dejarle entrar plenamente en nuestra vida.

ACTUAR:

En las relaciones humanas, cuando una parte es la que siempre pone todo su esfuerzo e interés mientras la otra se limita a lo mínimo, probablemente esa relación se rompa. Y lo mismo ocurre en nuestra relación de amor y amistad con Jesús: es cosa de dos. Jesús nos llama a su amistad a seguirle, pero somos libres para acoger o rechazar esta amistad.

Que el tiempo de Pascua nos ayude a poner de nuestra parte lo necesario para que funcione esta relación de amistad entre Él y nosotros, escuchándole mejor en su Palabra y en la oración, para responderle con nuestro seguimiento, “llevando su amor a los demás, con la esperanza de que también ellos encontrarán su puesto en la comunidad de amistad fundada por Jesucristo”. (Christus vivit 153)

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