Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet

Homilía Ascensión-C

La sobreprotección no es buena

VER:

Un peligro que se corre al educar a los hijos es la sobreprotección, una actitud que va más allá del lógico cuidado que hay que tener con ellos. Los padres toman todas las decisiones y solucionan todos los problemas, evitan que los hijos se encuentren con cualquier situación de sufrimiento, tristeza o simples contratiempos, se enfrentan a quien sea para defenderlos aunque no tengan razón… La sobreprotección no es buena, crea personas inseguras, dependientes, que no aprenden de los propios errores ni desarrollan sus propias capacidades. Por eso se recomienda, a medida que van creciendo, darles pequeñas responsabilidades para que adquieran confianza, hablar de los problemas reales que se presentan y ofrecer apoyo para que puedan afrontarlos y, en general, permitir que se desenvuelvan solos aunque tarden más en hacer las cosas y cometan algún error.

JUZGAR:

Hoy celebramos la Ascensión del Señor. Desde que llamó a sus discípulos, Jesús ha estado instruyéndolos los tres años de su vida pública. Tras su Resurrección, como hemos escuchado en la 1ª lectura, se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del Reino de Dios.

Pero Jesús Resucitado, como buen pedagogo, sabe que ha llegado el momento de que los discípulos se conviertan en apóstoles, en misioneros, y para eso deben empezar a caminar por sí mismos, sin la “sobreprotección” que para ellos supondría su presencia física a su lado. Por eso, como hemos escuchado en el Evangelio, les da unas últimas instrucciones (se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto) y, finalmente, levantando las manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado hacia el cielo.

Jesús conoce sus carencias, sus miedos… y por eso, aunque físicamente no seguirá a su lado, no los deja abandonados a su suerte: recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos. Jesús estará a su lado de un modo nuevo, para acompañarles en la construcción de la Iglesia y en su misión evangelizadora. Con la fuerza del Espíritu Santo, los discípulos deberán profundizar en lo que Jesús les enseñó, deberán afrontar problemas, discrepancias, persecuciones, incomprensiones… y también aprender de los errores. Pero, con la fuerza del Espíritu Santo, todo ello hará que la Buena Noticia de Cristo Resucitado se vaya anunciando hasta el confín de la tierra.

Celebrar la Ascensión del Señor supone para nosotros, la Iglesia de hoy, una llamada a impulsar la nueva evangelización. Todos somos conscientes de las dificultades con que nos encontramos a la hora de vivir y anunciar nuestra fe, a menudo nos sentimos “a la intemperie”, y la tentación es quedarnos plantados mirando al cielo (1ª lectura), o replegarnos con pesimismo y refugiarnos en actitudes sobreprotectoras, situándonos a la defensiva y condenando la realidad.

Pero la Ascensión del Señor nos recuerda lo que ha dicho el Papa Francisco en “Evangelii gaudium”: Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús… somos siempre “discípulos misioneros”. (120) Y, en consecuencia, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo… Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. (49)

ACTUAR:

Como la Iglesia naciente, hoy debemos continuar la misión evangelizadora, seguir profundizando en el Evangelio, y afrontar dificultades y retos dentro y fuera de la Iglesia. Y corremos el peligro de buscar una “sobreprotección”: que otros asuman las responsabilidades, que nos den las instrucciones y pautas concretas para anunciar el Evangelio… pero eso, aparte de que no es posible ni bueno, nos convertiría en cristianos inmaduros, miedosos, sin iniciativa, dependientes.

El Señor, en su Ascensión, nos recuerda que cuenta con cada uno de nosotros y que nos acompaña con su Espíritu, que hoy como entonces nos da la fuerza para ser sus testigos. No tengamos miedo y seamos discípulos misioneros, corresponsables, porque como dijo el Papa Francisco al Foro Internacional de Acción Católica: El ejemplo es Jesús con los apóstoles: los enviaba con lo que tenían. Después los volvía a reunir y los ayudaba a discernir sobre lo que vivieron. Se aprende a evangelizar evangelizando. Que la realidad les vaya marcando el ritmo y dejen que el Espíritu Santo los vaya conduciendo. (27 de abril de 2017)

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