Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet


Orar por los hijos

Orar por los hijos ¿cómo y por qué hacerlo?

¿Alguna vez te has preguntado por qué debemos orar por nuestros hijos? Quizá puede parecer que como padres, ya tenemos suficientes exigencias, e incluso, en algunas ocasiones nos sentimos obligados a hacer ciertas cosas para que nos consideren buenos padres, y poder dar lo mejor a nuestros hijos. Aun así, aunque parezca contradictorio, orar por nuestros hijos no es una tarea que ha sido asignada para cargar más nuestro día a día, sino para hacerlo más llevadero, puesto que, aunque no nos convertirá en padres perfectos, ¡al menos nos permitirá aceptar nuestras equivocaciones con alegría!

A decir verdad, tenemos la dicha de poder contar con un Dios que es Padre de muchos hijos, y no todos hemos alcanzado (¿aún?) la santidad… Entonces, ¿quién mejor que Él para acoger y entender nuestras preocupaciones, alegrías, preguntas, asombro, ira, y todas esas emociones que sentimos como madres y padres?

En ese orden de ideas, te proponemos:

  • Orar para compartir. No nos quedemos solos con las dificultades que experimentamos ante nuestros retos como padres, más bien, acudamos a la oración para expresar, aunque sea en el secreto de nuestro corazón, lo que estamos viviendo y sintiendo. De hecho, confiarnos al Señor, de manera individual o colectiva (por ejemplo con los grupos de oración de madres o de padres), nos permite abrirnos a la gracia divina.
  • Orar para delegar. Un proverbio africano dice que “hace falta un pueblo para educar a un niño”, pero nosotros como cristianos somos afortunados, pues tenemos todo el Cielo de nuestro lado para acompañar a nuestros hijos en su diario vivir: ¡dejémonos guiar por el Espíritu Santo, pidamos a la Santísima Virgen que desate los nudos de nuestras vidas, permitamos que San José y los santos patronos de nuestros hijos nos ayuden, y recemos a nuestros ángeles de la guarda para que velen por ellos!
  • Orar para recargar las pilas: para poder dar mucho amor, debemos estar llenos de Él. No olvidemos que, como padres, es necesario acoger constantemente nuestra posición de hijos de Dios y dejarnos llenar del amor infinito y misericordioso del Padre. ¿Qué tal si nos acercamos a Él y le decimos “Abba, Padre”, cada vez que necesitemos volver a recargar nuestros corazones de padres?

Escrito por: Alice Ollivier de Hozana.org

-Traducido del francés por Sharael Sánchez


Los lunes del Corpus

Descargar la Conferencia: «Sin Eucaristía no hay domingo»

Descargar PDF: Historia de la Adoración Nocturna


Homilía Corpus Christi-C

Prueba de exteriores

VER:

En un conocido concurso culinario en el que compite un grupo de aspirantes a cocineros, una de las partes es la “prueba de exteriores”. Los aspirantes se desplazan a un espacio abierto y deben preparar una comida para un gran número de comensales. A menudo en esta prueba, las dificultades superan a los aspirantes y han de ser los jueces quienes se pongan a cocinar para corregir sus carencias y que la comida esté a punto y llegue a los comensales.

JUZGAR:

Hoy celebramos la solemnidad del Corpus Christi. La 2ª lectura de hoy es la misma que leemos el Jueves Santo: Jesús instituye la Eucaristía en el contexto de su Última Cena con sus discípulos, y utiliza algunos elementos comunes de esa cena, el pan y el vino, para mostrar cómo va a ser a partir de ahora su presencia, por la acción del Espíritu Santo: tomó el pan y dijo… Esto es mi cuerpo. Lo mismo hizo con el cáliz… Este cáliz es la nueva alianza en mi sangreY deja bien claro: Haced esto en memoria mía.

La Eucaristía, pues, es una verdadera comida en el cual Cristo se nos da como alimento, no en sentido figurado o metafórico, sino real. Pero esta comida no es para el disfrute individual o del pequeño grupo de los discípulos. Jesús, antes del pasaje que hemos escuchado hoy en el Evangelio, había enviado a los Doce a predicar el Reino de Dios, y ellos fueron recorriendo las aldeas, anunciando el Evangelio (cfr. Lc 9, 1ss); ellos, a su regreso, refirieron a Jesús todo lo que habían hecho, pero les aguardaba todavía una especie de “prueba de exteriores”: ante esa gente que estaba en descampado, Jesús les dice: Dadles vosotros de comer.

Sin embargo, a ellos esa prueba les supera y por eso le dijeron: Despide a la gente, que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida… no tenemos más que cinco panes y dos peces. Pero Jesús va a aprovechar su incapacidad para realizar un signo que preanuncia la Eucaristía, y por eso se pone a “cocinar” para dar de comer a la gente: tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Y así, comieron todos y se saciaron y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos llenos.

Jesús dijo: El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. (Jn 6, 51) Este día de Corpus Christi, que solemos rodear de mucha solemnidad, procesiones, altares, etc., no es sólo un día de devoción a la Eucaristía: es también para nosotros una “prueba de exteriores”, porque como escribió el Papa Benedicto XVI en “Sacramentum caritatis”: “nuestras comunidades, cuando celebran la Eucaristía, han de ser cada vez más conscientes de que el sacrificio de Cristo es para todos. Pensando en la multiplicación de los panes y los peces, hemos de reconocer que Cristo sigue exhortando también hoy a sus discípulos a comprometerse en primera persona: «dadles vosotros de comer»”. (88)

Por eso, “no podemos guardar para nosotros el amor que celebramos en el Sacramento. Éste exige por su naturaleza que sea comunicado a todos. Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en Él. Por eso la Eucaristía no es sólo fuente y culmen de la vida de la Iglesia; lo es también de su misión”. (84) De ahí que el Papa Benedicto XVI dividiera su exhortación “Sacramentum caritatis” en tres partes: Misterio que se ha de creer, Misterio que se ha de celebrar, y Misterio que se ha de vivir. Y se ha de vivir en lo personal y en la “prueba de exteriores” que es anunciándolo y ofreciéndolo al mundo.

ACTUAR:

¿La Eucaristía, principalmente la dominical, es el centro y culmen de mi vida cristiana? ¿Participo en ella de forma consciente y activa, busco tiempo de adoración ante el Sagrario? ¿Me doy cuenta de que estoy ante la presencia real de Cristo, su Cuerpo y su Sangre? ¿Cómo me veo en la “prueba de exteriores”, doy testimonio ante los demás de coherencia con lo que creo y celebro? ¿Me superan las dificultades de esta misión, me veo incapaz de llevarla a cabo? Hoy como entonces, Jesús nos sigue diciendo: Dadles vosotros de comer. No le importa que creamos que tenemos poca capacidad: hoy celebramos que Él mismo se hace “cocinero y alimento” para que, con Él, afrontemos y superemos cada día la “prueba de exteriores” no por nuestros méritos sino porque, fuertes con la fuerza de la Eucaristía, podemos hacernos “pan partido” para los demás y que también puedan encontrar a Cristo realmente presente en la Eucaristía y creer en Él.

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