Parròquia Sant Vicent Màrtir de Benimàmet


Homilía XIV del TO-C

Festejar

VER:

Llegados a estas fechas, se nota en el ambiente un aire diferente, sobre todo para quienes pueden tener vacaciones: muchos las han comenzado ya, otros las comenzarán en pocos días o semanas. Ha terminado el curso escolar, muchos centros de trabajo cierran unos días o hacen horarios especiales… También en las comunidades parroquiales ha finalizado el curso pastoral y cesan la mayoría de actividades habituales, se hace una evaluación de lo que han sido estos meses pasados, se realizan otras diferentes como campamentos, se celebran las fiestas patronales… Todo lo cual da un tono diferente a este tiempo y, aunque sigamos trabajando, nos damos cuenta de que agradecemos y necesitábamos este cambio.

JUZGAR:

En este ambiente, la Palabra de Dios de este domingo nos hace una llamada a algo especialmente apropiado para estas fechas como es “festejar”, hacer fiesta, celebrar con alegría y agrado. Así lo hemos escuchado en la 1ª lectura: Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis… Este pasaje corresponde al último capítulo del libro de Isaías: el pueblo ha regresado a Jerusalén, tras la dura prueba del destierro y, aunque los ánimos están decaídos y queda mucho trabajo por hacer, restaurar la ciudad, reconstruir el templo… el sentimiento predominante ha de ser la alegría.

Y en el Evangelio hemos escuchado que designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de Él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él. Y los setenta y dos volvieron con alegría.

Al realizar la evaluación del curso pastoral, podemos identificarnos con el pueblo de Israel: estos meses pasados seguramente habrán tenido momento de prueba, de cansancio, de no tener claro el rumbo… Y somos conscientes de que queda mucho por hacer, mucho que “construir y restaurar”… y se nos presenta una tarea abrumadora… Pero precisamente por eso, ahora necesitamos “festejar” para recuperar el ánimo y las fuerzas.

Pero también podemos identificarnos con los setenta y dos del Evangelio. Quizá, junto con problemas, desencuentros, dificultades… hemos encontrado avances, cosas que han salido bien y que nos hacen sentir alegres al terminar el curso, y necesitamos celebrarlo, como indica el Papa Francisco en “Evangelii gaudium” 24: “la comunidad evangelizadora gozosa siempre sabe «festejar». Celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante en la evangelización”.

Y Jesús se encarga de recordarnos cuál debe ser el verdadero fundamento de nuestro festejar: no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo. No sólo debemos festejar cuando las cosas nos salen bien, cuando obtenemos “éxitos” pastorales, porque éstos pueden darse o no. El fundamento de nuestra fiesta es, precisamente, saber que el Señor cuenta con nosotros para la misión evangelizadora, y que nos asegura que, más allá de obstáculos, problemas, fracasos… nuestros nombres ya están inscritos en el cielo.

Desde esta certeza cobran sentido las palabras de san Pablo en la 2ª lectura: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. San Pablo no es masoquista, no valora el sufrimiento por el sufrimiento. San Pablo sabe que el plan de salvación de Dios pasa por la Cruz, pero como Jesús la ha vencido, podemos festejar en medio de los problemas, porque sabemos de la cruz brota la vida.

ACTUAR:

¿Cómo afronto estas próximas semanas, noto un ambiente diferente? ¿Voy a poder tener vacaciones? ¿En la parroquia hemos hecho evaluación del curso pastoral? ¿Hemos encontrado motivos para sentirnos alegres, para festejar? ¿Sentimos que nuestros nombres están inscritos en el cielo? ¿Esto nos da fuerzas para continuar, a pesar de pruebas, cansancios y contratiempos?

El Señor nos pide que festejemos, que celebremos con alegría el trabajo realizado en los meses pasados. Y hay muchas formas de festejar, pero el Papa Francisco nos recuerda la principal: “la belleza de la liturgia, la cual también es celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso donativo”. (EG 24) Si la Eucaristía siempre debería ser una fiesta, hoy especialmente lo destacamos: celebramos el domingo para dar gracias a Dios, individual y comunitariamente, porque ha puesto en nuestras manos la misión evangelizadora, porque Él nos acompaña, recordándonos que ha vencido la Cruz y porque, unidos a los demás obreros de la mies, nuestros nombres están inscritos en el cielo.

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Homilía XIII TO-C

Libertad sin ira

VER:

Aparte de las guerras que sufren algunos países, hace ya tiempo que en los ambientes más cercanos (familiar, escolar, social, político, deportivo…) notamos una excesiva crispación que, demasiado a menudo, desemboca en actuaciones violentas que tienen consecuencias nefastas. Quienes tenemos más de 50 años recordaremos una canción del grupo Jarcha, “Libertad sin ira”, que fue casi un himno durante la época de la Transición. La letra hacía referencia a lo vivido en décadas anteriores: guerra, rencores… que todavía perduraban, y se aludía a la necesidad de superar todo esto porque “la gente tan solo pide vivir su vida en paz”. Y el estribillo decía así: “Libertad, libertad, sin ira, libertad. Guárdate tu miedo y tu ira porque hay libertad, sin ira libertad, y si no la hay, sin duda la habrá”.

JUZGAR:

Ira y libertad son dos conceptos que aparecen hoy en la Palabra de Dios, y muy ligados entre sí. La libertad la encontramos en la 1ª lectura: Elías, siguiendo lo que el Señor le había dicho, llama a Eliseo para ser su sucesor, pero no lo obliga, le deja libertad para decidir. Cuando Eliseo le pide: Déjame ir a despedir a mi padre y a mi madre y te seguiré, Elías le responde: Anda y vuélvete.

En la 2ª lectura, san Pablo comenzaba diciendo: Para la libertad nos ha liberado Cristo.

Y en el Evangelio, Jesús se encuentra con tres personajes que, en principio, están dispuestos a seguirle. Pero, con las respuestas que Jesús les da, mostrándoles las exigencias de ese seguimiento, les hace una llamada a que den ese paso, pero con toda libertad, sin dejarse llevar ni por entusiasmos momentáneos ni por otros condicionamientos, por muy justificados que parezcan.

La libertad es uno de los dones de Dios al ser humano, signo de su imagen y semejanza con Dios. Como nos recuerda el Catecismo (1731-1733), “la libertad es el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, y por tanto, de crecer en perfección o de flaquear y pecar. La libertad caracteriza los actos propiamente humanos”.

Pero muchas veces se hace un mal uso de esa libertad, como recordaba san Pablo: no utilicéis la libertad como estímulo para la carne. E, incluso, esa libertad se tiñe de ira, como hemos escuchado que hicieron Santiago y Juan cuando, ante el rechazo de los samaritanos, dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos? Pero utilizar la libertad para dar cauce a la ira conduce a que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud, como decía san Pablo, y tiene consecuencias nefastas: mordiéndoos y devorándoos unos a otros acabaréis por destruiros mutuamente.

Ante la excesiva crispación y violencia en tantos ambientes, y sus lamentables consecuencias, el Señor nos pide a que le sigamos. Y seguro que, como ocurrió a Santiago y Juan, en nuestro camino vamos a encontrarnos con situaciones ante las cuales nos parecería justificadísimo reaccionar con ira. Pero el Señor nos pide una “libertad sin ira”: Manteneos firmes… caminad según el Espíritu, porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Incluso nos llama a ir más allá: sed esclavos unos de otros por amor. Y esto no se pone a nuestra libertad, todo lo contrario, porque “la libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, el supremo Bien”. (1744) Cuando vivimos con libertad y sin ira es cuando podemos seguir de verdad al Señor, asumiendo las exigencias de ese seguimiento y “quemando”, como Eliseo, lo que caracterizaba nuestro estilo de vida anteriormente.

ACTUAR:

¿Noto ambiente de crispación y violencia a mi alrededor? ¿Lo he sufrido, o lo favorezco con mi comportamiento y actitudes? ¿En alguna ocasión he deseado que baje fuego sobre algo o alguien? ¿Me siento libre, o hay alguna esclavitud en mi vida? ¿Hago un buen uso de mi libertad, con los demás y con Dios? ¿Asumo libremente las exigencias que conlleva seguir a Jesús, ser un cristiano coherente, o las vivo como una imposición que coarta algún aspecto de mi libertad? ¿Estoy dispuesto, libremente, a hacerme “esclavo de otros” por amor?

La libertad ha sido una de las grandes aspiraciones del ser humano, pero “el ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier cosa” (1740), y menos aún el derecho a recurrir a la ira en nombre de la propia libertad. Y por eso, muchas personas siguen sin ser ni sentirse verdaderamente libres. Que nuestro seguimiento de Jesús muestre que para la libertad nos ha liberado Cristo y nos lleve a que se cumpla el estribillo de la canción: “Hay libertad sin ira y si no la hay, sin duda la habrá”.

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Homilía Santísima Trinidad-C

Dios Renovable y Sostenible

VER:

Debido a la crisis energética y al cambio climático, desde hace unos años se ha intensificado la búsqueda y aprovechamiento de fuentes de energía que sean renovables y sostenibles. Energía renovable es la que se genera a partir de fuentes prácticamente inagotables, como el sol, el viento, o el agua, utilizando elementos materiales como placas solares, molinos de viento, turbinas que permiten aprovechar la fuerza del agua embalsada o de las mareas… Y sostenible significa que esta energía puede utilizarse sin que perjudique a las generaciones futuras, logrando así un equilibrio entre crecimiento económico, bienestar social y cuidado del medio ambiente.

JUZGAR:

Hoy celebramos la Santísima Trinidad, uno de los grandes Misterios de nuestra fe, y quizá el más insondable: tres Personas divinas y un solo Dios verdadero. Para muchos, esta verdad de fe supone un verdadero obstáculo, porque quisieran “comprender” racionalmente cómo es posible esto. Pero, como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica (50-52), el ser humano puede conocer a Dios mediante la luz de la razón humana, a partir de las cosas creadas, pero llega a un límite que no puede traspasar. Y por eso Dios se da a conocer a sí mismo revelando su Misterio, para que podamos responderle y amarle más allá de lo que seríamos capaces con nuestras solas fuerzas.

Esta revelación se realiza mediante acciones y palabras, siguiendo una “pedagogía divina”: Dios se comunica a sí mismo de forma gradual, a lo largo de la Historia, adaptándose al ser humano en su creciente capacidad de comprensión para acoger esta Revelación, que culminará en la Persona de Jesucristo, su Hijo hecho hombre.

Pero la fuente de energía que es la Revelación no se “agota” en Jesús. Es verdad que Dios nos lo ha dicho todo en su Hijo, es su Palabra definitiva, pero como ha dicho Jesús en el Evangelio, muchas cosas me quedan por deciros pero no podéis cargar con ellas por ahora… el Espíritu de la verdad os guiará. La fe cristiana, iluminada por el Espíritu Santo, continúa comprendiendo gradualmente y profundizando en todo lo que Jesús nos ha revelado, hasta la verdad plena.

La fe es la respuesta personal del ser humano a Dios y a la verdad que Él ha revelado de sí mismo. Por tanto, creer en Dios es inseparable de creer en Aquél a quien Él ha enviado, su Hijo. Y no se puede creer en Jesucristo sin creer en el Espíritu Santo, porque Él nos hace conocer a Jesús.

Así, en el Evangelio también Jesús nos ha hablado de la íntima e indivisible unidad que forman las tres Personas divinas: Todo lo que tiene el Padre es mío, y el Espíritu recibirá de lo mío y os lo anunciará. Por eso hoy celebramos que creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La fe en el Dios Uno y Trino no es un “problema” ni un obstáculo para la fe, al contrario, convierte nuestra fe en renovable y sostenible. Renovable porque el Padre es la Fuente inagotable, el Hijo hecho hombre es el elemento que nos permite acceder a esa Fuente, y el Espíritu Santo es la energía resultante que nos hace vivir plenamente, iluminando la vida desde la fe, creciendo de modo equilibrado en todas sus dimensiones, y no sólo nosotros, sino el conjunto de la Creación. Y es una fe sostenible porque la fe en el único Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo favorece que las generaciones siguientes también puedan alcanzar un futuro de vida y plenitud.

ACTUAR:

¿Me gustaría poder utilizar energías renovables y sostenibles? ¿El Misterio de la Santísima Trinidad me supone un “problema” o un “obstáculo” para mi fe? ¿“Utilizo” esta fuente de energía, me dirijo en la oración al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo? ¿Qué consecuencias tiene en mi vida? La verdad revelada de la Santísima Trinidad ha estado desde los orígenes en la fe viva de la Iglesia, como hemos escuchado en la 2ª lectura: Estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo… y el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Estamos llamados a profundizar en este Misterio pero sabiendo que nunca lo agotaremos. Por eso, sobre todo, estamos llamados a vivirlo, a aplicarlo a nuestra vida, porque la Santísima Trinidad es la fuente de energía renovable y sostenible que nos acompaña ayer, hoy y siempre, hasta que lleguemos a la verdad plena.

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Homilía de Pentecostés-C

Salud integral

VER:

Cada vez se habla más de buscar la “salud integral”, para alcanzar un correcto equilibrio entre todos los ámbitos de la vida, para poder sentirnos realmente “sanos”. A menudo se nos recuerdan los efectos beneficiosos que para esa salud integral tiene una alimentación sana y equilibrada, el ejercicio físico, la actividad intelectual… Y sabemos que son beneficiosos por los efectos positivos que tienen en nosotros. Pero, como las personas estamos formadas por cuerpo, mente y alma, en la búsqueda de la salud integral no podemos olvidar el cuidado del alma si queremos sentirnos realmente “sanos”.

JUZGAR:

Si la alimentación sana y el ejercicio físico son beneficiosos para el cuerpo, y la actividad intelectual es beneficiosa para la mente, hoy, solemnidad de Pentecostés, celebramos al que es beneficioso para nuestra alma: el Espíritu Santo.

La fiesta de Pentecostés, de origen judío, tenía lugar siete semanas (cincuenta días, de ahí su nombre) después de la fiesta de la ofrenda de las primeras gavillas de cebada. Y, como hemos escuchado en la 1ª lectura, al cumplirse el día de Pentecostés, se celebra la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos, cincuenta días después de la Resurrección de Cristo.

El domingo de Pentecostés es el segundo domingo más importante del año, después del domingo de Resurrección, y supone la culminación del tiempo pascual, pero no como un punto final, sino como un comienzo. Hoy celebramos que lo que significa la Resurrección de Cristo, que hemos ido reflexionando a lo largo del tiempo pascual, se desborda más allá de los límites del grupo de los discípulos y desencadena un movimiento expansivo, la misión evangelizadora de la Iglesia, para ofrecer lo que faltaba al ser humano: la salud del alma, la salud, o salvación, integral.

Las lecturas de hoy nos muestran los efectos beneficiosos que el Espíritu Santo tiene para nuestra alma. Nos hace hablar en otras lenguas (1ª lectura), nos capacita para hablar de las grandezas de Dios de un modo comprensible a cualquier ser humano, sea cual sea su raza y condición.

El Espíritu dará vida a vuestros cuerpos mortales (2ª lectura). El Espíritu Santo abre nuestra vida más allá de los límites y condicionamientos de lo material, de lo “mortal”, de lo caduco de este mundo, hacia la Vida infinita de Dios.

Por eso, si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis. El Espíritu Santo nos da fuerza para “matar” todo aquello que nos quita la vida, que nos perjudica y que nos impide disfrutar de una salud integral, que nos sintamos realmente “vivos”.

Por el Espíritu, no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: “¡Abba, Padre!”. El Espíritu Santo transforma nuestra relación con Dios. Ante Él no cabe el temor, ni sentirnos oprimidos por un “ser superior”. El Espíritu Santo nos hace sabernos, sentirnos y vivir como hijos de Dios y llamarle incluso “Papá”.

Y, puesto que algo necesario para alcanzar la salud integral es mantenerse en los buenos propósitos, el Espíritu Santo será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho (Evangelio). El Espíritu Santo mantiene presente y actualizado el Evangelio, para que lo llevemos a nuestra vida.

ACTUAR:

¿Cuido mi salud? ¿A qué necesitaría prestar más atención? ¿Invoco al Espíritu Santo para lograr una salud integral? ¿Conocía los beneficios que el Espíritu Santo aporta al alma? ¿Cuál de esos beneficios necesito más en este momento de mi vida? ¿Qué voy a hacer para lograrlo?

Cuando una persona goza de una salud integral, se le nota en todos los aspectos: físicamente, en el carácter, en su modo de relacionarse y actuar… En la Secuencia hemos escuchado: Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro. Por muchos bienes materiales que tengamos, y aunque gocemos de buena salud física, podemos sentirnos “vacíos” porque nos falta la “salud” del alma.

En la solemnidad de Pentecostés, dejemos que el Espíritu Santo nos llene, como a los primeros discípulos, para que nos vaya enseñando y recordando todo lo que Jesús nos ha dicho para ser los apóstoles de hoy, que propongamos a los demás la salud integral que sólo Cristo Resucitado puede darnos, por medio de su Espíritu Santo, para que tengamos auténtica vida en nosotros.

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Homilía VI de Pascua-C

Nuestro Asistente Personal

VER:

Una queja muy común, sobre todo en los adultos, es la falta de memoria. Por diferentes motivos (acumulación de tareas, dispersión de la atención y, también, falta de voluntad), se nos hace difícil recordar hasta las cosas más simples. Con el avance de las tecnologías, se ha desarrollado el “asistente virtual” que es un programa informático provisto de voz, instalado en el ordenador o en el dispositivo móvil, y que ayuda al usuario en múltiples tareas, algunas tan comunes como recordar fechas, poner alguna alarma, buscar información… Para ello, sólo hay que decir unas palabras clave y después hacer la petición, y el asistente se pone en marcha. Sigue leyendo


Homilía V de Pascua-C

¡Nuevo!

VER:

En general a las personas nos atrae lo nuevo. Como explica la psicología, nuestro cerebro está diseñado para prestar más atención a los nuevos estímulos que a los que ya nos son familiares, porque nos acostumbramos a “lo de siempre” y necesitamos algo diferente. Y de esto se aprovechan para incitarnos al consumo. Periódicamente encontramos en comercios, en publicidad, etc. la palabra: “¡Nuevo!”, referida a productos de todo tipo, muchos de ellos de uso cotidiano. A menudo, estos productos apenas se diferencian de los anteriores, sólo son “nuevos” en un aspecto, pero esto ya es suficiente para captar nuestra atención y que deseemos adquirirlo. Sigue leyendo


Homilía IV de Pascua-C

Es cosa de dos

VER:

Una relación de amistad entre dos amigos es cosa de los dos. Para que funcione, ambos han de poner de su parte e implicarse en esa relación. No se trata de que los dos aporten lo mismo ni de estar calibrando quién pone más o menos, pero sí que se requiere que ambos amigos aporten lo necesario para que dicha relación funcione. Cuando una de los dos carga con toda la responsabilidad de la relación y pone todo su esfuerzo y dedicación, mientras que otro da el mínimo, es fácil que la relación de amistad se rompa. Sigue leyendo


Homilía III de Pascua-C

Nuestro “sello” personal

VER:

En una reunión interparroquial se repartieron unas fotocopias con unos contenidos para la reflexión. Y una persona del Equipo de Vida que acompaño me dijo: “Esto lo has hecho tú, lleva tu sello”. Un sello, aparte de lo que ponemos en las cartas, es un utensilio con imágenes o letras grabadas y que se impregna con tinta para certificar o autorizar documentos. Y esa persona sabía que habitualmente utilizo unas expresiones… que son “mi sello”, que “certificaban” que yo lo había hecho. Todos tenemos nuestro “sello” personal que imprimimos en lo que hacemos, hasta en lo más cotidiano (desde cocinar hasta la organización del hogar o del lugar de trabajo y casi todo lo que hacemos habitualmente) y que hace que otros puedan identificarnos sin tener que preguntar. Sigue leyendo


Homilía Sant Vicent Ferrer

Artesanos de la paz

VER:

El deseo de paz acompaña a la condición humana y abarca tanto lo interior como lo exterior de la persona; sin ella no hay auténtica vida personal, familiar o social. Pero, como estamos sufriendo actualmente, por desgracia los conflictos y guerras han asolado y continúan asolando la existencia del ser humano, como en Ucrania. Afortunadamente, han surgido hombres y mujeres que han buscado y trabajado por la paz y han servido de puente entre quienes estaban enfrentados y han puesto las bases para el diálogo y el entendimiento entre las partes en conflicto. Sigue leyendo


Homilía II de Pascua-C

Proyectar nuestra sombra

VER:

Una tarde de verano, sobre las cuatro, me encontré con una escena curiosa: tres personas estaban esperando el autobús en una acera donde daba el sol de lleno. Esa calle no tiene arbolado, y las tres personas se refugiaban poniéndose en fila india en la estrecha sombra que proyectaba una farola. A pesar de que lógicamente no era muy grande, la humilde sombra de esa farola sí que suponía para estas personas un alivio frente al calor, mientras esperaban. Sigue leyendo